¡A las maestras del periodismo!


La periodista María Luz Morales (centro) preside la mesa de la conferencia de Eduardo Blanco Amor en Barcelona, 1933.

Por Tamara Crespo / @TamaraCrespoPer

«Las penalidades con las que nos divertimos en los viajes resultarían una paradoja si no viéramos en el viaje más que una diversión. Para mí, no es el viaje, en realidad, más que un penoso estudio de gentes, de costumbres y de cosas; no es un descanso ni un placer, sino porque cambia la clase de trabajo y me ofrece el aliciente de la curiosidad. Un viaje es como una gran biblioteca puesta en fila, con los libros abiertos en lo más interesante, que vamos leyendo al pasar». Curiosidad, uno de los atributos clave de cualquier periodista. Estas líneas corresponden a Carmen de Burgos, Colombine (Almería, 1867- Madrid, 1932), probablemente la maestra del periodismo española más conocida, que dejó la reflexión en uno de sus recomendables libros, el recopilatorio de artículos escritos en 1914 Mis viajes por Europa.

Al menos, Colombine tiene un premio de periodismo a su nombre (aunque vaya solo por su sexta edición), y prácticamente el único con nombre de mujer en España, porque el repaso de la lista no deja lugar a dudas sobre la preeminencia masculina (también) en este ámbito: existen premios Mariano José de Larra, Mariano de Cavia, Luca de Tena, Ortega y Gasset, Francisco Cerecedo, González-Ruano, Miguel Delibes, Salvador de Madariaga… Hay que buscar mucho para encontrar galardones que homenajeen a las maestras que compartieron época con muchos de estos colegas. La Vanguardia concede, en 2017 por segunda vez, uno en honor de la que fuera su directora durante la Guerra Civil, la primera que accedió a este cargo en una redacción española, María Luz Morales (A Coruña, 1889-Barcelona, 1980). Aunque era la única redactora en el periódico, Morales fue elegida por el comité obrero del periódico para sustituir a Agustí Calvet Pascual, Gaziel, que se había exiliado. Cuentan que Morales tomó el timón del periódico en un momento tan difícil con una única condición: «Yo sólo haré periodismo». Luego sería represaliada por el régimen franquista, que la recluyó durante 40 días en una prisión conventual y le retiró el carnet de prensa. Al igual que De Burgos, Morales escribió en algunos momentos bajo diversos pseudónimos masculinos: Felipe Centeno en sus inicios y Ariel y Jorge Marineda durante el franquismo. No obstante, cabe observar que en ambos casos, se trata de premios que, a su vez, reconocen la labor profesional de quienes se ocupan de temas relativos a la mujer, algo que aún parece necesario destacar. Ningún premio con nombre de mujer, de maestra del periodismo, dirigido a destacar la maestría en el oficio sin necesidad de remarcar el género. En una entrevista publicada por La Vanguardia el 2

Retrato de la periodista Carmen de Burgos.

6 de enero de 1972, María Luz Morales sentenciaba: «Ni feminismo, ni masculinismo. Hombres y mujeres, personas, como Dios nos ha hecho». Poco podría imaginar que en 2017, ochenta años después de su hazaña pionera, aún estuviéramos como estamos, con las directoras como una extraña minoría en los medios impresos, extraña hoy en que la proporción de mujeres en las redacciones no es desde luego la de La Vanguardia que dirigió Morales.

Aunque no se trate de un premio de periodismo, sino que su objetivo es premiar la «perspectiva de género» en Trabajos Fin de Grado (TFG), el creado por la Universidad del País Vasco en el curso 2013/2014 tiene la particularidad de llevar el nombre de la que, ¡oh sorpresa! sería la primera mujer dedicada al periodismo en el mundo, anterior a la británica Elizabeth Mallet, fundadora en 1702 en Inglaterra del Daily Courant, que ha pasado a la historia como tal, y que no es otra que la impresora española Francisca de Aculodi, de la que no hay demasiados datos biográficos. Entre los años 1683 y 1698, Francisca de Aculodi fundó y dirigió en San Sebastián Noticias Principales y Verdaderas, una revista quincenal que era una traducción al castellano de un periódico editado en Bruselas, al que se le añadían noticias locales y propias. La publicación se considera el comienzo de la prensa local, e incluía noticias que ella misma redactaba, figurando su firma solo en los dos primeros años.

 Ediciones y reediciones

Volviendo al tema de la Biblioteca de El Tintero, los libros, en este caso, sobre Maestras del periodismo españolas –lo prometido es deuda (ver la entrega ¡A los maestros del periodismo!)–, hemos de decir que las periodistas tampoco han sido objeto de tantas ediciones y reediciones como sus colegas hombres.

De Carmen de Burgos no es fácil encontrar reediciones, la cita del comienzo es de la que Libros de la Catarata publicó en 2012 de Mis viajes por Europa. La editorial Renacimiento se ha preocupado especialmente de recuperar la figura de esta y otras periodistas y tiene en su catálogo obras de Colombine como las novelas La malcasada y La que quiso ser maja o la biografía que escribió de Riego. El editor Emiliano Escolar recuperó en 1980 Villa-María, y en 1991, la Editorial Cajal, publicó, en edición de Miguel Naveros, Puñal de Claveles, novela basada en el mismo crimen que inspiró a Lorca Bodas de sangre.

Renacimiento ha dedicado varios recopilatorios a periodistas como la también escritora y actriz Carmen Eva Nelken (Magda Donato), con Reportajes (2009) o Isabel Oyarzábal Smith en Mujer, voto y libertad (2013), que recoge  los textos periodísticos publicados en El Sol por esta periodista, escritora, actriz y diplomática española (1878-1974). De la misma editorial son Escritoras españolas en los medios de prensa. 1868-1936 (2014) y Mujer, prensa y libertad (España 1890-1939), en edición de Margherita Bernard e Ivana Rota (2015).

Y es que en contra de lo que pudiera parecer por la poca fama y escasa bibliografía de mujeres periodistas, la presencia de estas en la prensa española no es precisamente nueva. En el artículo Las periodistas de hace 100 años, publicado en el Blog Mujeres de El País en 2012, se cuenta que Jesusa Granda fue la primera mujer que perteneció a una asociación de prensa en España, la de Madrid, en 1985, y además, la única socia fundadora entre 172 señores. A Jesusa la siguió, como quinta socia, Carmen De Burgos, mientras en Cádiz, otras tres mujeres también «se hacían su sitio con nombres y apellidos en

el periodismo español». Eran Patrocinio de Biedma, Emma Calderón y de Gálvez y María del Mar Terrones Villanueva, nombradas socias de honor en 1911 por la Asociación de la Prensa de Cádiz. Aunque sus nombres no nos suenen de nada, la primera fue nada menos que fundadora de la Federación de Periodistas y Editores Andaluces, creó y dirigió su propia publicación, la revista Cádiz, en 1877 y mantuvo 145 publicaciones de España, América, Francia, Bélgica, Alemania, Italia, y Portugal. Por su parte, de Calderón, uno de los artículos más conocidos es el que escribió en protesta contra la inadmisión de Emilia Pardo Bazán en la Real Academia de la Lengua. En Gibraltar dirigió el periódico El Anunciador, escribió sobre la situación de las mujeres encarceladas, de las trabajadoras, de la guerra de África, y de Latinoamérica…; su rastro, nos dice la autora de este artículo, Ángeles Lucas, se pierde en 1936. De María del Mar Terrones hay menos información aún. Entró en la asociación con 19 años, era maestra y doctora en Medicina –otro ámbito en el que fue pionera– y colaboró con el Diario de Cádiz. De ellas apenas hay rastro bibliográfico. De Patrocinio de Biedma pueden comprarse reproducciones y versiones digitales de algunas de sus novelas. Otro tanto ocurre con Emma Calderón y de Gálvez, de la que, como en el caso de Biedma, si se encuentra algún original es de sus obras no periodísticas y, eso sí, a precios considerables. Nada de ediciones ni antiguas ni actuales de sus artículos. Al menos, de estas tres periodistas, existe una investigación, publicada por la Asociación de la Prensa de Cádiz en 2012, de la profesora Cristina Ruiz Guerrero y titulada El pensamiento audaz tiende su vuelo. Pioneras del periodismo en Cádiz.

De Magda Donato podemos encontrar aún libros de segunda mano, ediciones de su época de obras de teatro como ¡Maldita sea mi cara! o Aquella noche, o novelas como La carabina… En el año 2000, la Asociación de directores de escena de España editó Pipo y Pipa y el lobo Tragalotodo y Pinocho en el país de los cuentos, pero de su trabajo periodístico…, nada, apenas tenemos para conocerlo el citado Reportajes, de Renacimiento, y su crónica En la cola de los hambrientos (Donato se introducía de incógnito en situaciones como esta para contarlas), publicado en la antología Maestros del periodismo, editada en 2014 por FronteraD junto a Jot Down Books. Como ya comentamos en ¡A los maestros…! esta recopilación de Eduardo del Campo recoge trabajos de once periodistas, entre ellos, tres mujeres: además de Magda Donato, figuran en ella Sofía Casanova y Carmen de Burgos.

Casanova (La Coruña, 1861-Polonia, 1958) fue nada menos que la primera española que se convirtió en corresponsal permanente en un país extranjero, para el diario ABC en Polonia y Rusia, y la primera corresponsal de guerra. Vivió acontecimientos como la lucha de las sufragistas en Inglaterra, el desarrollo del sindicalismo, la formación del Partido Bolchevique en la Rusia zarista, la Primera y la Segunda guerras mundiales, la persecución de los judíos por el régimen nazi en el gueto de Varsovia. Colaboró en periódicos como La Época, El Liberal, El Imparcial de Madrid; en las revistas Galicia o Blanco y Negro y en prensa internacional, en cabeceras como la Gazeta Polska y el New York Times. Dominaba, además del español y el gallego, otros seis idiomas: francés, inglés, italiano, polaco, portugués y ruso. En la antología de FonteraD se publica La revolución maximalista, crónica de la insurrección bolchevique de 1917 que en su momento se publicó en cuatro entregas en ABC.

Por su parte, y en la misma antología, podemos leer la pieza Retrato de Pío X, de Colombine, a quien se considera la primera mujer contratada como redactora en plantilla de un periódico español, El Diario Universal de Madrid, en 1903. Este artículo se publicó en el libro Por Europa. Impresiones (Barcelona, 1906). La editorial Nausícaä publicó en 2006 Mis viajes por Europa. Suiza, Dinamarca, Suecia y Noruega, impresiones y artículos de uno de estos viajes, realizado en 1917.

Otro nombre perdido en la historia del periodismo femenino español es el de Teresa de Escoriaza (San Sebastián, 1891-1968), que fue primero corresponsal en Nueva York con el pseudónimo de Félix de Haro y luego enviada especial en la guerra del Rif en los años 20. Colaboró en publicaciones como La Libertad, Mundo Gráfico o El Eco de Galicia y se considera que dio el primer discurso feminista a través de la radio en la historia de España, en Radio Madrid en el año 1924. En 2014 la Academia Española de Radio creó el Premio Teresa de Escoriaza para distinguir el mejor programa de radio que promueva la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en este medio. Escoriaza es autora de Del dolor de la guerra: crónicas de la campaña de Marruecos. De las 18 publicadas en 1921 por la editorial Pueyo, el periodista Eduardo del Campo publicó tres en mayo de 2016 en la revista digital FronteraD. Los textos proceden de una edición facsímil de la Universidad de Michigan, que cuenta en su biblioteca con un original.

 

Trabajos de investigación

Aunque no de forma directa, sí podemos saber algo más de estas mujeres que fueron abriéndonos paso a otras periodistas en libros como Mujeres de palabra. Crónica de las pioneras del periodismo en femenino (Instituto de Estudios Almerienses), de Antonio Torres, un ensayo que recoge la labor de medio centenar de profesionales. Otro trabajo de investigación es Nosotras que contamos: mujeres periodistas en España, de Inés García Albi (Plaza & Janés, 2007), que comienza en el periodo revolucionario de 1868 y recorre 150 años de la presencia de la mujer en los medios a través de más de 40 periodistas, desde Carmen de Burgos, Emilia Pardo Bazán, Concepción Gimeno o Josefina Carabias a Margarita Rivière o Pilar Narvión… García Albi cuenta cómo en el siglo XIX, las mujeres solo estaban presentes en revistas o temas femeninos y aún no se habían incorporado al periodismo informativo, sino que lo hacían a través o hacia la literatura, aunque no fue el caso de Pardo Bazán. El libro dio lugar a un documental del programa Imprescindibles de TVE, Nosotras que contamos. Josefina Carabias y las pioneras del periodismo en España, estrenado el 7 de marzo de 2014.

Carabias, nacida con el siglo (1908-1980) es, junto a De Burgos, la otra gran excepción en cuanto a la posibilidad de leer los trabajos de estas maestras del periodismo. Su incorporación al oficio se produjo con una entrevista a la entonces recién nombrada directora general de Prisiones de la República, Victoria Kent, publicada en La Estampa en 1931. También en su caso podemos acceder, por suerte, a ediciones más o menos actuales de sus trabajos periodísticos, como Crónicas de la República. Del optimismo de 1931 a las vísperas de la tragedia de 1936, editado por Temas de Hoy en 1997, Los alemanes en Francia vistos por una española (Editorial Castilla, 1989) o la biografía El maestro Guerrero fue así (Biblioteca nueva, 2001), escrita a partir de entrevistas a personas que conocieron al músico. En ediciones de segunda mano hay títulos como La mujer en el fútbol, una recopilación de todos los artículos semanales que sobre fútbol escribía la periodista para el diario Informaciones. En 1980 Plaza & Janés publicó, de forma póstuma, Azaña: Los que le llamábamos Don Manuel, en el que Carabias recuerda momentos que vivió con Manuel Azaña, así como su propia vida como cronista parlamentaria. Póstumo es también Como yo los he visto (El País-Aguilar, 1999), en el que ella misma cuenta su relación con algunos escritores, pensadores y artistas del primer tercio del siglo XX como Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno, Pastora Imperio o Gregorio Marañón. Respecto a ediciones recopilatorias, María Pilar Díezhandino editó Josefina Carabias corresponsal, con una selección de sus trabajos en el extranjero, donde también fue pionera, como corresponsal en Estados Unidos y Francia para los diarios Informaciones, El Noticiero Universal y La Gaceta del Norte, y en París para las publicaciones de Edica, con la agencia Logos y el periódico Ya a la cabeza.

De Emilia Pardo Bazán (1851-1921), quizá por ser famosa como novelista, aunque fue prolífica en muchos géneros, también tenemos gran parte de su obra periodística disponible en ediciones antiguas y actuales, como es el caso de De siglo a siglo (1896-1901). Crónicas periodísticas, publicado en 1903 y reeditado en 2014 (Editorial Pliegos). Su faceta de cronista viajera ha sido objeto asimismo de reediciones, como es el caso de Viajes por España y Viajes por Europa (Editorial Becimuel, 2006 y 2003). Si se busca un ejemplar de Por la España Pintoresca (1895), son libros de coleccionista, pues no se ha vuelto a editar, al igual que ocurre con Al pie de la torre Eiffel y Por Francia y por Alemania (Crónicas de la Exposición), publicadas en 1889. En cuanto a las Obras Completas de esta prolífica escritora, y aunque las de Aguilar de 1947 ya presumían de serlo, todavía en 2013 la Biblioteca Castro se atribuía el logro con una colección en doce tomos.

La obra, y no digamos las vidas, de cada una de las periodistas mencionadas es fascinante, no solo por su condición de mujeres en un mundo de hombres, sino por lo que aportaron al desarrollo de la profesión, haciendo periodismo de vanguardia, local, internacional o, como Donato (la Nellie Bly española), «infiltradas», con «reportajes vividos», como ella misma los llamaba, en los más variados escenarios, desde un sanatorio a una cárcel, o, este fue al caso de Josefina Carabias, de camarera en un hotel. Esta misma estela siguió Luisa Carnés (Madrid, 1905-Ciudad de México, 1964), otra gran desconocida para la bibliografía de maestras del periodismo, autora de Tea Rooms. Mujeres obreras, una novela social con mucho de crónica, pero cuyos reportajes de incógnito habría que ir a buscar a las revistas en las que los publicó, como Estampa o Ahora, si no fuera, de nuevo, por Renacimiento, que nos ha regalado, con ediciones de 2002 y 2014, la posibilidad de leer al menos El eslabón perdido, un libro sobre el exilio republicano español escrito entre los años 1957 y 1962 y De Barcelona a la Bretaña francesa (1939), un testimonio sobre los últimos meses de la Guerra Civil española, la huida a Francia y su estancia en un centro de internamiento en Francia, antes de partir hacia el exilio en México. ¿Cuántos otros eslabones perdidos habrá en la historia de las maestras del periodismo? ¡A por ellas!

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