Marta Martínez: “En la literatura, el debate entre papel o digital sólo conviene a los dos grandes grupos editoriales”


Marta Martínez, editora de ContraEscritura, posa para elTintero, la revista de la APV, en las murallas de Urueña. Foto: Belal Darder.

ContraEscritura tiene mucho de periodismo. No sólo porque su editora y alma máter, Marta Martínez (Barcelona, 1985), trabajara en diversos medios e incluso realizara su tesis doctoral sobre Fotoperiodismo y Ética, sino porque las obras que publican en su colección Contexto requieren una investigación en profundidad, un trabajo minucioso que en una de sus obras      –Goethe en Dachau– les llevó a superar las 300 notas a pie de página o las incesantes llamadas de la traductora, Núria Molines, a los rabinos de Centroeuropa para traducir correctamente las expresiones del yiddish.

Texto: Fernando Sanz. Fotografías: Belal Darder

Aprovechando la presentación de Pasaron unos hombres de Marcelle Capy (1891-1944) en la Librería Primera Página de Urueña, Martínez dedicó unos minutos a elTintero para hablar sobre periodismo, literatura y los paralelismos entre la Europa de los años 20 y la época actual.

Fernando Sanz: Es periodista de formación y ejerció en varios medios de comunicación. ¿Qué le llevo a fundar ContraEscritura?

Marta Martínez: ContraEscritura realmente existía desde 2012. Se fundó en Madrid, curiosamente en la Facultad de Periodismo, como un blog de blogs. Era una salida para nuestra vertiente literaria (había poesía, relato corto… después se unieron la fotografía y las Bellas Artes). Luego llegaron la crítica y la reflexión desde un punto de vista más joven. Tendíamos a ser bastante irreverentes porque teníamos esa libertad que los medios que nosotros conocíamos o habíamos hecho prácticas nunca habíamos encontrado.

El polémico Nobel de la Paz a Barack Obama –entonces, candidato a presidir un país que estaba enfrascado en dos guerras– o el vídeo erótico de la concejala Olvido Hormigos fueron algunos de temas con los que se atrevieron. Este ambiente de libertad y creatividad les dio a conocer dentro y fuera de nuestras fronteras y ContraEscritura empezó a morir de éxito. Recibían colaboraciones de todo el mundo, sobre todo de Latinoamérica, pero también de Italia y otros países europeos. Recibir, filtrar y manejar todo ese volumen de información resultaba casi imposible y tras abandonar su trabajo en una editorial que se dedicaba a hacer prensa corporativa para hoteles– “un tipo de periodismo que me daba de comer, pero que evidentemente no me hacía en absoluto feliz”, reconoce – Martínez optó por un camino distinto.

MM: Tras la implosión de ContraEscritura y el crack absoluto de los medios de comunicación desde 2008-09, propuse a mis compañeros hacer una editorial. “Hagamos los libros que querríamos leer y trabajemos como nos gustaría que se trabajara en el mundo editorial” les djie. Es decir, que los autores no cobrasen un 10% de las ventas, lo que desde nuestro punto de vista no era bueno porque impide la profesionalización de la escritura y la relega al mundo de los aficionados.

Decidimos abrir la línea Contexto que es de recuperación de cuestiones históricas –su otra colección, Papiroverba, es de autores de ficción vivos– porque nos encontramos textos y personas que no son conocidas en nuestro entorno cultural pero que en muchos países son referentes y que citan algunos grandes, como el austríaco Stefan Zweig. Nadie había tirado de esos hilos y aprovechamos la oportunidad.

Con un mundo editorial marcado por grandes apellidos –“mi padre me dijo que de qué familia te crees que vienes”, recuerda– y por los gigantes de la distribución internacionales, ellos optaron por un sistema de socios (75 en este momento) con aportaciones únicas entre 5 y 100 euros. El boca-oído, las redes sociales y los 200 euros que obtuvo de sus poemarios – Muertes inéditas (2014), Parnass  y Callejones con salida (2015), Ediciones En Huida– dieron paso a su primera publicación. A un ritmo de tres libros por año y si las subvenciones extranjeras no fallan, la editorial hoy tendría trabajo hasta 2023.

Marta Martínez, editora de ContraEscritura, en un momento de la entrevista. Foto: Belal Darder.

FS: En 2015, con un altísimo grado de digitalización, decidir publicar libros en papel y rechazar Amazon u otras plataformas de venta online es toda una declaración de principios.

MM: Somos muy raros, por eso nuestro lema es “de donde yo vengo, el raro eres tú”. Rechazamos Amazon u otras vías de distribución similares por tres cosas: primero, porque creo que hay que cultivar la paciencia. En este mundo nos hemos acostumbrado a tenerlo todo a un ‘click’ de distancia y realmente, cuando hablamos de textos que llevan 70 u 80 años en el olvido, a mí me cuesta creer que alguien tenga la necesidad de tenerlo en su casa en 24 horas y que se lo vaya a leer en otras 24 horas. Es un poco apología de la calma.

También es un apoyo a los libreros que apuestan por un modelo de librería, que son libreros prescriptores que ayudan a los lectores y que forman refugios de lectura y crítica social, que creemos que son fundamentales. En tercer lugar, en el caso de Amazon, me parece flagrante el tema de los derechos laborales. Hay muchos artículos publicados en los que se explica que los trabajadores tienen que acampar frente a la fábrica porque con su sueldo no pueden permitirse ir al trabajo cuando la empresa está moviendo beneficios millonarios.

Es una manera de reequilibrar. Sabemos que el cambio va a ser muchísimo más lento, pero queríamos ir muy poco a poco, utilizando las presentaciones en librerías, conociendo las necesidades de nuestros libreros –muy concretos y que entienden nuestro proyecto– y restableciendo las relaciones humanas.

FS: De la crisis del periodismo hemos hablado muchas veces, pero ¿cómo es el mundo editorial por dentro? ¿’La crisis del papel’ también ha llegado allí?

MM: Eso es un debate que sobre todo conviene a los dos grandes grupos en liza: Random House y Planeta. Cada uno tiene una amalgama de editoriales y que, desde mi punto de vista, trabajan a peso. Sacan multitud de títulos, trabajan de manera irregular éticamente desde mi punto de vista porque son capaces de ir a una imprenta y decirle ‘quiero este libro para tal día, a tal precio y si no lo haces tú lo hará otro”. Ellos hacen los libros como ellos quieren y juegan mucho a manipular en determinadas situaciones.

Te voy a poner un ejemplo muy claro: en Sant Jordi, que es la gran fiesta del libro en Cataluña, la Casa del Libro de la Rambla tenía ya puesto en un expositor con once títulos: seis de editoriales de Random House y cinco del Grupo Planeta, pese a que eran de diferentes sellos. Esto crea una falsa imagen de diversidad que no existe y el lector no tiene por qué saber estas cosas.

También hay que tener en cuenta la distribución. Casa del Libro es propiedad de Espasa, que es a su vez propiedad de Planeta, y que va a hacer prevalecer sus intereses frente a los más de 2.000 editores independientes que hay en España.

El debate entre papel sí o no, creo que sólo les interesa a ellos. A nuestro público no creo que le funcionase. Una vez utilizamos Verkami –una plataforma de micromecenazgo– para acercar el libro a quien no tuviera los 20 euros para comprarlo impreso, pero sólo se vendieron 20 copias, entre los 160 mecenas que tuvimos. Eso nos da muchas pistas de que nuestro tipo de lector quiere el papel, quiere subrayarlo. De hecho, tenemos lectores que han comprado el libro en parejas o en familia cuatro ejemplares de Goethe en Dachau porque cada uno quería hacer su propia lectura.

Yo no me lo planteo.

FS: Hablando de Goethe en Dachau… ¿Cómo decidís qué libros vais a editar? ¿Cuál es vuestro proceso de trabajo?

MM: Goethe en… fue una casualidad. Me gusta mucho la Historia y he viajado a varios campos de concentración y exterminio. En un viaje a Múnich, me acerqué a Dachau y vi un cartel que tenía la portada del libro que junta en un título lo mejor y lo peor de la cultura alemana. Ya conocía otros libros sobre supervivientes de los campos, pero se centraban en ‘el hombre en busca de sentido’ y la culpabilidad del superviviente. Tras una primera búsqueda por Internet, no encontré absolutamente nada en español, le propuse traducirlo a nuestra traductora, Núria Molines, y ella nos dijo “sí quiero”.

A partir de este libro, la gente nos exigía más de Nico Rost. Encontramos estos tres reportajes que forman Reportajes Antifascistas que en realidad no tienen nexo de unión, pero sí reflejan muy claramente que lo que habíamos leído antes no era una casualidad: el humor, la crítica permanente… se ve desde que el autor pasar por el campo de concentración de Orianenburg, se ve cuando pasa por la guerra civil española o cuando hace un reportaje a los judíos de su barrio natal y que no regresaron con vida.

Y realmente, ir tirando de hilitos que nos llevan a otros textos. En el caso del nuestro último libro, vino de una lectura de Romain Rolland cuando estaba releyendo El mundo de ayer de Stephan Zweig. Como periodista, yo tengo la necesidad de saber si hay algo más.

Tamara Crespo, de la librería Primera Página, y Marta Martínez durante la presentación de ‘Pasaron unos hombres’ en Urueña. Foto: Belal Darder

Pero ese proceso de investigación no es exclusivo para las obras de Nico Rost. Al contrario, para Una juventud en Alemania de Ernst Toller reconoce que pasó seis meses de estudio para comprender completamente dos capítulos del libro que narran la efímera República Soviética de Baviera en los albores de la República de Weimar. Uno de sus objetivos es que el público no se pierda en la narración, por eso sus publicaciones tienen tres niveles de lectura: el experto, para el interesado y para el neófito en la materia.

Al fondo también le acompaña la forma, y trabajan con calígrafos para hacer las letras de sus portadas y, para para el libro de Romain Rolland contactaron con un fotógrafo holandés que trabaja en formato grande, al igual que a principios del siglo pasado.

FS: Si nos centramos en vuestras publicaciones, las tres últimas han sido autores centroeuropeos de la etapa de Entreguerras, ¿por qué esta época?

MM: Por un tema absolutamente personal. De interesarme por la historia de España, pasé a profundizar en la IIGM, los campos de concentración, y llegué a estos textos un poco por la necesidad de entender lo que pasó. Como periodista, además, hay muchísimas cosas que suceden hoy que tienen contextos antiguos, pero que son una advertencia de las situaciones actuales.

Estamos en una situación que podría ser bastante similar a la de aquella época: grandes líderes que se cuestionan si lo derechos humanos se pueden relajar en pro de defensas nacionales y de muchas otras cosas que ya han sucedido… Es una advertencia desde el pasado, por eso siempre incorporamos algún artículo o elemento que haga que el lector le resulte evidente que lo que está leyendo no es distópico o artificioso, que hoy se puede hacer ese paralelismo.

En el caso de Una juventud en Alemania de Ernst Toller, por ejemplo, se trata una autobiografía crítica con la Primera Guerra Mundial que se publicó en 1924. En 1933, le incorporó un prólogo que podría haber sido el editorial periódico crítico con esa situación política y que coincidió con la fecha de la quema de sus libros.

FS: Por último, en aquellos años se dio el mayor desarrollo de la propaganda –una ‘postverdad’ como otra cualquiera–, pero también del Periodismo. ¿Cómo valora la situación de los medios de comunicación hoy? ¿Cree que se llegará a una nueva edad de oro?

MM: Creo que no, porque los periodistas nos hemos contado mal nuestra propia historia. Los primeros medios de comunicación escritos nacen ligados a la historia de los partidos políticos del siglo XVIII, como método de propaganda.

No creo que los medios a día de hoy cambien. En eso soy absolutamente pesimista, pero espero que exista la fórmula, y que de la misma que manera que yo puedo hacer mis libros se pueda encontrar la fórmula de que haya un periodismo libre.

Creo que esa edad dorada la tenemos un poco mitificada. En los años 30 seguía habiendo prensa de partido. La de ahora tiene muchísimos intereses ocultos en la mayoría de los casos, e incluso gente que es propietaria de medios con líneas editoriales antagónicas.

En realidad, es aún peor. Cuando había prensa de partido tú eras más o menos libre para que te contaran su cuento, ir a la otra versión y hacerte tu propio esquema. Cuando todos esos intereses dejan de ser evidentes, ya no sabes realmente quién está detrás y por eso creo que es mucho más complicado, que es también lo que pasa con los grandes grupos editoriales y las decisiones que toman.

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