Informe RSF 2016: Europa retrocede en libertad de expresión


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De izquierda a derecha: Milthon Robles, periodista hondureño; Malén Aznárez, presidenta de RSF-España; Yavuz Baydar, periodista turco, y Pepa Bueno, conductora del magazine radiofónico Hoy por hoy. Foto: Fernando Sanz.

Asistir a la presentación del Informe Anual 2016 de Reporteros Sin Fronteras genera sensaciones encontradas: por un lado, la posibilidad de conocer en primera persona a grandes periodistas nacionales e internacionales, así como al equipo que ha redactado el documento – a diferencia de otros informes, este se elabora exclusivamente por la delegación española – y por otro, enfrentarse a unas cifras en las que los periodistas nunca salen bien parados: sólo este año han muerto 76 informadores, entre reporteros, internautas y colaboradores y 338 personas siguen encarceladas por tratar de contar lo que pasa en el mundo.

2016 no ha sido el año más cruel, el anterior los periodistas asesinados alcanzaron los 88, pero sí que ha sido uno en el que los retrocesos más graves se han evidenciado en los países democráticos. El discurso del miedo y la primacía de la seguridad sobre las libertades individuales han llevado a la normalización de las medidas excepcionales: el mantenimiento del estado de excepción en Francia, la legitimación del espionaje a ciudadanos en Alemania y Reino Unido o la llamada Ley Mordaza en España, que sigue vigente pese a que el pasado 30 de noviembre se aprobara una moción en la que se instó al Gobierno a su derogación.

Al desarrollo de esta legislación hay que sumar la difusión de mensajes populistas en muchos países occidentales, tal como advirtió la presidenta de RSF-España, Malén Aznárez, en referencia a la uso generalizado de una neolengua en la que “se habla de ‘posverdad’ en lugar de de mentiras” y que necesita de la denuncia constante de los periodistas para que no se instale en la sociedad.

Turquía se ha convertido en la mayor cárcel de periodistas del mundo. ¿Hasta cuándo podemos seguir haciendo como que no pasa nada?” Malén Aznárez, presidenta de RSF-España.

No obstante, las palabras más duras cayeron sobre uno de los socios prioritarios y eterno candidato a la Unión Europea: Turquía. Tras el golpe fallido contra el presidente Recep Tayipp Erdogan, se produjo una caza de brujas en la que en un solo día se cerraron 102 medios de comunicación (28 televisiones, 34 radios, cinco agencias de noticias, 29 editoriales, 58 diarios y 15 revistas) y se detuvo a un centenar de periodistas. Una situación que continúa y en el que muchos profesionales de la información se ven obligados a abandonar el país. “Turquía se ha convertido en la mayor cárcel del mundo, mientras que la UE sigue negociando con ella sin citar estos ataques a la libertad de información. ¿Hasta cuándo podemos seguir haciendo como que en Turquía no pasa nada?”, se cuestionó Aznárez.

Por su parte, el periodista turco y exiliado Yavuz Baidar explicó los mecanismos de control del gobierno de Erdogan contra la prensa: desde el control político – bajo el estado de emergencia del país, se puede detener a una persona hasta 30 días y puede pasar cinco días sin ni siquiera conocer sus cargos – o por la asfixia comercial si se ataca a las empresas que se publicitan en medios, pasando por la autocensura: “El 90% de la redacciones en Turquía se están convirtiendo en prisiones con muros invisibles” .

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El periodista turco y exiliado, Yavuz Baidar. Foto: Fernando Sanz

Baidar comparó el intento de derrocamiento de Erdogan con “el autogolpe” del presidente peruano Alberto Fujimori y aseguró que desde 2013 a 2017 se ha despedido a cerca de 10.000 de los 18.000 periodistas que trabajaban en el país, según cifras del sindicato de periodistas turco. “En este momento, estima que hay cerca de 200 reporteros en las cárceles turcas: eso representa al 60% del total mundial”.

Al sur de la frontera turca, Siria sigue siendo el país más peligroso del mundo para informar. Once periodistas profesionales y ocho periodistas-ciudadanos murieron en 2016 durante el ejercicio de su profesión y otros 26 fueron secuestrados, la mitad del total mundial. Los conflictos de Irak, Yemen y el clima de inseguridad en Afganistán convierten a Oriente Medio una de la zonas más complicadas para los periodistas. De hecho, en estos casos se da una paradoja: los riesgos son tan grandes que los medios internacionales han dejado de enviar a sus corresponsales, lo que ha reducido el número de secuestros y asesinatos.

América Latina y la sombra del crimen organizado

En el caso de Iberoamérica los retos son distintos: aquí no son los gobiernos o los ejércitos en liza los que suponen un riesgo para la libertad de información, sino que las amenazas, las presiones y los asesinatos corren a cargo de las mafias y los grupos criminales. “En países de Centroamérica como Honduras, México y Guatemala y también Brasil – explicó Aznárez – hay una corrupción generalizada por el crimen organizado y que ha contaminado gran parte de las estructuras gubernamentales”.

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Un ejemplo claro es Honduras. La impunidad y la cotidianidad de la violencia ha empujado a muchos profesionales de la información a la autocensura o al exilio, como al locutor y periodista de investigación Milthon Robles. Su historia – que se podrá leer en una entrevista en elTintero – es la del secuestro a plena luz del día en una calle céntrica de San Pedro Sula, la segunda ciudad más poblada del país y un periplo personal que le ha llevado hasta España.

No obstante, México mantiene su estatus de país más peligroso para los periodistas. En 2016, nueve reporteros murieron como consecuencia de ejercer su profesión, mientras que el acoso a instituciones, ciudadanos e informadores no cesa por parte de las bandas criminales y del narcotráfico. De hecho, el cártel de los Zetas está en la lista de depredadores de la libertad de prensa desde 1999.

Coincidencia europea

Reporteros Sin Fronteras no ha sido la única institución que ha denunciado el retroceso de la libertad de expresión en el Viejo Continente. En una de las últimas visitas del presidente del Centro Europeo para Libertad de Prensa (ECPMF), Henrik Kaufholz, reconoció que las libertades fundamentales  – derecho de reunión, libertad de prensa y de expresión, etc. – “se encuentran bajo una gran presión por la lucha contra el terrorismo”, incluso en países que tradicionalmente avanzados en este sentido como Dinamarca.

Kaufholz enumeró algunos ejemplos como Hungría, Polonia o Macedonia “donde la situación de la prensa es desesperada” y admitió que ya son optimistas. “Hace diez años se luchaba por difundir y mejorar la libertad de expresión y los derechos fundamentales. Ahora sólo tratamos de mantenerlos. Los tiempos han cambiado”, aseguró.

Vídeo: Fernando Sanz

 

 

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