El pequeriódico en la era de la posverdad


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Texto: María Monjas

Hace unos meses encontré, mientras recorría un mercadillo junto con mi hijo y algunos de sus compañeros y sus madres, un juguete que llamó mi atención: “el pequeriódico”. Es una imprenta pequeñita con sus tipos de plástico para ir componiendo los textos pasándolos por un rodillo con un calco. Mi alegría fue paralela a la de los niños, sobre todo, pensando en lo útil que podría ser para futuros proyectos escolares.

Porque la pandilla que me acompañaba, de edades entorno a los seis años, está acostumbrada a trabajar en sus clases con los medios de comunicación en diferentes vertientes. Creo que ese es el mismo espíritu que anima la petición de la FAPE de una asignatura específica sobre el tema en Educación Secundaria y que comparto, por muchas razones, como periodista, como madre y como docente.

Nuestros niños y jóvenes necesitan una formación específica sobre medios de comunicación en todas sus vertientes, porque ellos no serán sólo receptores, sino también productores de información y porque los medios determinarán su visión del mundo”

Nuestros niños y jóvenes necesitan una formación específica sobre medios de comunicación en todas sus vertientes, porque ellos no serán sólo receptores, sino también productores de información y porque los medios determinarán su visión del mundo. Una visión que no debería estar determinada desde la óptica engañosa de la posverdad. La palabra del año según el diccionario Oxford se define como el fenómeno que se produce cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”. Los académicos debaten ahora sobre las causas (crisis, redes sociales…) y las consecuencias (Brexit, Trump, falsas noticias…) de ese término inventado en el que los medios tienen tanta responsabilidad.

Volviendo a la educación, cuando mi hijo comenzó Educación Infantil me puse a revisar los libros y ya en la segunda lección el aviso de la llegada del viento de otoño lo daba la radio. Y en otra lección un equipo de cámara de televisión y periodista entrevistaban a otro protagonista de un cuento. Y ahí dije para mí: si con 3 o 4 años los periodistas ya salen en sus libros de texto, luego alguien se extraña de que el Grado en Periodismo tenga una de las notas de acceso más altas.

Pero la cosa no se quedó en los libros porque esto de los medios enlaza además con las nuevas tendencias educativas que apuestan por un papel más activo del niño, y de los padres, en la enseñanza, entre otras cosas. En el colegio de mi hijo, público y rural para más señas, se trabaja por proyectos. Esto es, simplificando, que no hay libros de texto y el alumno construye su propio aprendizaje.  En segundo de infantil uno de los proyectos fueron los inventos. Cuando la profesora nos lo comunicó a los padres en la reunión, a mí, deformación profesional si quieren, el único invento que se me ocurría era la imprenta y sudaba sólo de pensar en cómo explicarlo a un niño de 5 años que apenas sabe escribir (y eso que todavía vemos periódicos en papel). En el mural que elaboramos, no hace falta decirlo, además de la foto de Guttemberg, había un periódico.

Son sólo ejemplos de cómo, de forma lúdica y dependiendo de la implicación de los docentes, al menos en los niveles educativos inferiores, los medios forman parte de la formación de los niños, al igual que forman parte de su vida. El meollo de la cuestión está en la Secundaria donde, coincido con la FAPE, una asignatura de medios contribuiría a “fortalecer la formación intelectual y cívica de ciudadanos maduros, responsables e independientes”.

En alguna de las anteriores leyes educativas sí se contemplaba una formación en medios de comunicación, como asignatura optativa que raramente se impartía en algún centro (lo digo como opositora que también fui hace más de una década, por otra materia claro, de medios no había plazas). Y si en algún centro había algo relacionado con los medios, generalmente corría a cargo de los profesores de Lengua. Nada que objetar al admirable trabajo, heroico en ocasiones con grupos numerosos de chavales entre 12 y 18 años, que hacen los profesores de Lengua. Pero, vuelvo a coincidir con la FAPE, para impartir esta materia se debería dar prioridad a los licenciados en Periodismo o Comunicación Audiovisual. Porque hablar de medios en la era de la posverdad es mucho más que lengua. Es, entre otras cosas, es educar el criterio lector para detectar, por ejemplo, noticias falsas.

Lo que me entristece, como madre, como docente, como periodista, en definitiva, como ciudadana, es el continuo cambio de leyes de Educación y la falta de medios para llevar a cabo innovaciones educativas que han demostrado su eficacia en el fin que debe perseguir la enseñanza: hacer mujeres y hombres críticos, comprometidos y libres. Pero el legislador siempre tiene en mente el fin utilitario, práctico, que el saber sirva para algo, se transforme en una patente o cree un puesto de trabajo. Una asignatura de medios podría salvarnos un poco, un pequeriódico para la era de la posverdad.

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