Rubén Darío, el cronista de la modernidad


 

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Fotografía: Consejo Nacional de Universidad de Nicaragua.

Este año la figura de Rubén Darío celebra un doble aniversario: por un lado, los 150 años de su nacimiento y, por otro, el centenario de su muerte. Una vida corta, intensa y a veces dramática en la que destacan sus poemarios ‘Azul’ y ‘Cantos de vida y esperanza’. Sin embargo, se conoce mucho menos su faceta como periodista, editor y sobre todo cronista en una España que aún se desperezaba del desastre del 98.

Texto: Fernando Sanz

Los primeros contactos de Darío con la prensa no fueron como periodista, sino como poeta. Precoz y aficionado a la literatura, el joven Félix Rubén García Sarmiento publicó por primera vez a lo trece años en El termómetro, de la nicaragüense ciudad de Rivas. Se trataba de una elegía – ‘Una lágrima’ –  a la que le seguirían otros textos y otros países como Salvador o Chile, donde publicó la piedra miliar del modernismo en español: ‘Azul’.

El éxito de esta obra – en la que mediaron las dos cartas elogiosas del escritor español Juan Varela – situó a Darío en el centro de la vida cultural hispanoparlante. Tanto es así, que el diario argentino La Nación, el de mayor tirada en América Latina en aquellos años, le contrató como corresponsal y poco después se trasladó de nuevo a El Salvador para tomar las riendas de su propio proyecto editorial

“La lucha por existir, por manifestarse de alguna manera, por tomar ensanche, se nota no solamente en los seres sino también en las ideas […]” afirma en las primeras palabras del diario La Unión, un periódico que buscaba fomentar una unión centroamericana y que se publicó por primera vez el jueves, 8 de noviembre de 1889 [La Asociación de la Prensa de Valladolid entregará a los asistentes a la gala del XXI Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes una reproducción de este número, gracias a la cesión de la biblioteca P. Florentino Idoate, S.J. de la salvadoreña Universidad Centroamericana José Simeón Cañas].

Menos de un año después, un golpe de estado le empujó a abandonar San Salvador y continuó su actividad editorial en Guatemala y Costa Rica, en la que sumó una serie de pequeños fracasos. Sin embargo, su suerte – o la nuestra – cambió cuando el gobierno de Nicaragua le nombra comisionado en España con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América.

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Fotografía: APV.

ESPAÑA ANTE EL DESASTRE

La relación de Rubén Darío con España no sólo procede de la literatura o del esteticismo, sino de una aguda observación de la realidad del país antes y durante los años en los que se perdieron las últimas colonias de ultramar. La catedrática de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid, Rocío Oviedo, afirma que Darío “supo conectar con el espíritu de aquella España y su deseo de cambio” y destaca su amistad con literatos como Valle Inclán o Machado.

Oviedo señala que principios como la hidalguía aparecen en su obra y la identificación de Estados Unidos como Calibán en algunos de sus poemas – un personaje monstruoso de La Tempestad de William Shakespeare – supone una alegoría del materialismo industrial estadounidense frente a los valores espirituales hispánicos. No obstante, cambiará de opinión con el tiempo y escribirá un poema elogioso a Washington titulado ‘Salutación a las águilas’.

No obstante, su experiencia española no tuvo carácter laudatorio. Al contrario, en su medio centenar de crónicas Darío escribió sobre política, cultura, periodismo o las propias tertulias en las que participaba desde una perspectiva profundamente crítica. “En España se llevó una decepción tan terrible…” reconoce Oviedo. Recién llegado de Buenos Aires, entonces uno de los países más ricos del mundo y con una vida cultural boyante y cosmopolita; la diferencia resultó enorme. “Se encuentra con que no hay nada y le parece increíble que haya un nivel cultural tan bajo”, asegura.

La catedrática de la Universidad Complutense Rocío Oviedo destaca que le pareció increíble el nivel cultural tan bajo que había en España.

Pese a ello, el autor de Azul participó en todas las tertulias literarias que pudo. Especialmente la de El gato negro – situada hasta su cierre en el número 14 de la madrileña calle del Príncipe– en la que unos años después el propio Valle Inclán anunciaría la muerte de su amigo nicaragüense. “Era altamente reconocido en los círculos culturales. Tal vez, sólo fuera más reconocido en Chile y en la propia Nicaragua que en España. Como una especie de estrella diríamos hoy”, afirma Oviedo.

En total, Rubén Darío pasó 16 meses documentando la España post-imperial. Una época parcialmente feliz en la que hacía gala de una riqueza y una erudición sin parangón pero en la que se enfrentaba cada día a sus dos peores enemigos: las deudas contraídas y su galopante alcoholismo. Una enfermedad a la que no pudo vencer y que acabó con su vida hace ahora 100 años.

 

LA PRENSA DEL 98

La España de finales del siglo XIX tenía poco que ver con el país que conocemos ahora. A las deudas por el esfuerzo bélico en Cuba y Filipinas y al abatimiento por la desaparición definitiva del Imperio Español, había que sumar la permeabilidad de las nuevas transformaciones que provenían de Europa, como la tecnificación del trabajo manual o el desarrollo del movimiento obrero.

La prensa de la época no fue ajena a estos cambios y los periódicos culturales o de mera opinión fueron relegados por la aparición de diarios y revistas que apostaron por un periodismo más profesional, más centrado en la información. Es una época de cambios, en la que se desarrollaron nuevos géneros periodísticos como la crónica, la entrevista o el ensayo (seriado) y en la que se empiezan a dar los primeros pasos hacia la comunicación de masas y la publicidad como las entendemos hoy.

A diferencia de los periódicos actuales con 64 o 72 páginas, la mayor parte de la prensa escrita de la época se publicaba en un único pliego, aunque algunos llegaban a los cuatro, y el uso de revistas grapadas o tabloides no condicionaba sus contenidos. El País – no confundir con el periódico del Grupo Prisa – , El Globo, El Imparcial o El Norte de Castilla en Valladolid comprimían letras y números en grandes planchas de papel, el llamado formato sábana, en las que contaban las noticias del día anterior… o de la semana anterior o incluso del mes anterior. La inmediatez no existía.

Su público, además, era mucho más reducido y homogéneo: los lectores pertenecían en su mayoría a clases acomodadas (aunque existían publicaciones obreras como El Socialista, fundado el 12 de marzo de 1886 por el primer secretario del PSOE, Pablo Iglesias) y, salvo en estos estamentos, la mayor parte de los contenidos se dirigían al público masculino.

Tanto es así que Rubén Darío publicó una crónica en marzo de 1900 para el diario La Nación en la que arremetía contra la situación social y laboral de la mujer española, en contraste con las mujeres de Estados Unidos y de otros países europeos con mayor acceso a la educación. De hecho, consideraba este analfabetismo como el caldo de cultivo para la mendicidad o la prostitución.

Darío escribió en marzo de 1900 una crónica para el diario argentino La Nació en el que arremetía contra la situación social y laboral de las mujeres españolas, en contraste con las mujeres de Estados Unidos o de otros países europeos.

La catedrática de Literatura de la Universidad de Valladolid, Pilar Celma, destaca la importancia de la prensa para estos escritores. “Era un apoyo económico para su modo de vida” – explica Celma –, pero sobre todo supuso un desarrollo para la figura del intelectual: un intelectual nuevo, comprometido, que buscaba crear un estado de opinión, agitar conciencias y criticar la sociedad para mejorarla”.

Este espíritu crítico – “Darío se escandalizó por las deficiencias en la enseñanza y el analfabetismo en España”, reconoce Celma – y sus propias necesidades económicas llevaron al escritor nicaragüense a escribir más de 50 crónicas para La Nación que se recogieron en los libros ‘La España contemporánea’, ‘En tierras solares’ y ‘Opiniones’. Un completísima producción literaria y periodística que tiñe de azules americanos y andinos una de las épocas más grises y complejas de la Historia española.

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