Mi maravillosa librería… en Austria


Texto: Tamara Crespo / @TamaraCrespoPer // Imagen y foto: Periférica

petra-hartlieb«¡Anda, una periodista reconvertida en librera! Voy a leer este libro, que igual me ayuda». Ese fue el planteamiento con el que, identificada de entrada con la protagonista de Mi maravillosa librería, comencé su lectura, ávida de anécdotas e ideas que me hicieran sentirme algo menos sola en la odisea de salir de Guatemala y entrar a Guatepeor, es decir, de una profesión tan dura como la del periodismo, a la (ahora lo sé), bastante dura de librera. Pero nada más comenzar me di cuenta de que poco iba a tener que ver mi experiencia con la de la austriaca Petra Hartlieb.

La lectura de Mi maravillosa librería es muy amena, la autora cuenta muchas anécdotas de la vida en una librería, un microcosmos donde ocurren cosas en efecto maravillosas, pero no es una lectura recomendable para la salud mental de una librera de una pequeña librería española. Y con lo de «española» introduzco lo que, a mi parecer es el factor esencial que hace la diferencia: Austria no es España. Para empezar, dan mucha envidia (insana, claro) la facilidad de acceso a los créditos bancarios y sus cifras, así como la facilidad con la que los amigos prestan dinero para aventuras empresariales. Pero cuando uno ya se cae del todo del guindo es al llegar a la parte de «abro las puertas de la librería y se me llena». Diez años después, las de Hartlieb (ya tiene dos) siguen igual. Según cuenta ella misma, como la primera librería es pequeña (la amplió de los 40 metros cuadrados iniciales a 60), la gente hace con frecuencia cola en la caja, mucho más durante la campaña navideña, cuando llegan a pasar por la librería, en una semana, 700 clientes que compran o encargan al menos un libro. «Nuestro principal problema en la campaña de Navidad es que facturamos demasiado en un lugar demasiado pequeño». Por no caber, casi no le caben ni los empleados, que también los tuvo desde el comienzo y ahora son doce. Cuando le gusta mucho un libro y le pasa eso que sí que nos pasa a todos los libreros, que quieres que todo el mundo lo lea (a veces tienes incluso el impulso de regalarlo, actitud muy poco «comercial»), ha llegado a pedir ¡300 ejemplares! ¡Ay! Cualquier parecido con la realidad de mi maravillosa librería en España, más allá de las horas, días, meses y años de trabajo sin tregua, es pura coincidencia.

Por lo que sí puede interesar a cualquiera (incluso a libreros en apuros) la lectura de este libro por lo que encierra de lección sobre la capacidad y valentía de reinventarse a uno mismo, algo muy necesario en cualquier época, pero casi imprescindible en una llena de incertidumbres y cambiante a velocidad de vértigo como la nuestra. También es un canto al poder de los libros, en los que encontramos refugio ante cualquier zozobra, y sobre todo es un homenaje a esa figura, la del librero, que no vende «productos», que conoce lo que tiene entre manos y lo ama, que puede aconsejar y dar conversación; los amantes de los libros suelen ser grandes conversadores y estar a la altura de cada uno de ellos, más aún de los «especializados», es todo un reto que obliga, bendita obligación, a saber. A cambio, se aprende muchísimo en ese intercambio. En eso, el de librero también se parece al oficio de periodista. «Una buena librera tiene que saber en cuál de las veinte guías que hay disponibles se encuentra la mejor información sobre la ciudad de Orlando, en qué época literaria se debe situar a Georg Heym, cómo es el último título de Kehlmann en comparación con Sven Regener (…) Mis colegas asumen con frecuencia tareas de investigación bibliográfica para trabajos de ámbitos científicos, buscan durante horas novelas negras con color local cuya acción se sitúa en recónditas islas del Caribe… (…) Dominan la literatura y todos los temas relacionados con ella (…) entienden de geografía y de política, están al tanto de lo que puede interesar a gente solitaria y mayor (…) Sobre todos los temas imaginables hay un libro, y nosotros lo conseguimos, y nuestro consejo es gratis».

Y frente a eso, el monstruo, Amazon (y acólitos que el común de los mortales no saben que pertenecen a estas elefantiásicas corporaciones), una amenaza universal, esta sí, para cualquier pequeño librero en casi cualquier rincón del planeta. «La alimenta la comodidad y la irreflexión de quienes llenan su cesta de la compra con unos cuantos clicks a la vez que vacían su cuenta corriente, de quienes no salen de casa o de la oficina porque ya no tienen tiempo o porque se imaginan que ya no lo tienen», nos dice la combativa Hartlieb, quien lucha contra la propaganda o la publicidad engañosa de estas marcas multinacionales, que no tienen «disponible» en realidad el libro que anuncian como tal, ni venden más barato ni entregan más rápido que cualquier librería. Cuando lograban salvar el prejuicio de que es menos «in» entrar en la librería de tu barrio que comprar por internet o en una gran (e impersonal) superficie comercial, los vecinos de Hartlieb se sorprenden de la oferta «y de que aquí no trabajen señoras gruñonas con moño y gafas con cadenita colgando del cuello». El sentido del humor, la ironía, de esta pequeña gran librera es otro de los alicientes para no dejar de leer este libro, dirigido a lectores inquietos.

 

mi-maravillosa-libreria2Mi maravillosa librería

Autora: Petra Hartlieb

Traducción: Manolo Laguillo

Editorial: Periférica

Páginas: 240

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