Periodismo cultural sin red


 

Texto: María Monjas Eleta
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Periodismo, cultura e Internet. La reflexión sobre estas tres palabras en cualquiera de las combinaciones posibles da lugar a muchas más preguntas que certezas y puede conducir a callejones sin salida, los tan temidos tópicos que se repiten, repetimos, cada vez que hablamos de ello. Por partes: periodismo y cultura. Digamos que periodismo cultural es aquel que se ocupa de informar y valorar los acontecimientos culturales. Y digamos más: la función principal del periodismo cultural, en realidad la función del periodismo en general, es la mediación. La prensa cultural interpreta los hechos culturales, orienta al público y selecciona entre una cada vez mayor cantidad de mensajes relacionados con la cultura para ayudar al lector/espectador a distinguir lo relevante entre la maraña de ofertas y a comprender el contexto amplio de la obra cultural. Y hasta aquí la teoría.

Segunda combinación: periodismo cultural e Internet. La cultura es el área de especialización periodística por excelencia en los medios digitales o cibermedios. Según el estudio del Grupo Novos Medios de la Universidad de Santiago, uno de cada cuatro medios digitales especializados se ocupa de temas culturales, lo que sitúa la especialización cultural por encima de la economía ¡e incluso del deporte¡.

Pero, ¿sigue siendo la función mediadora esencial en el ciberperiodismo cultural? Tengamos en cuenta que en Internet los autores (escritores, pintores o artistas) disponen de sus páginas web y espacios en las redes sociales y su obra cultural está disponible en la red, no siempre con una fórmula legal por desgracia. Entonces, ¿el público necesita la mediación periodística para acceder a la cultura?

Ahí van algunas cifras. Referidas exclusivamente a la edición de libros. En España se registran diariamente cerca de 250 nuevos títulos, 55 de ellos en formato digital; se producen 621.000 ejermplares y se venden 421.000, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ¿Necesita el lector la mediación para orientarse en medio de semejante maremágnum literario? En teoría pensaremos que sí, que necesita la labor del crítico y del periodista para conocer el autor, su obra y el contexto.

Sin embargo, en Internet, el periodismo cultural ha perdido el monopolio de la mediación. Una frase para redondear: “Nos pensábamos que la gente quería escuchar y lo que quería era hablar” (Vicente Verdú, periodista). Las ediciones digitales de los medios tradicionales (prensa o revistas) conviven con blogs, revistas exclusivamente digitales: Las redes sociales ejercen una suerte de boca a boca digital que puede construir éxitos literarios o musicales aunque también son un espacio de fingimiento para quedar como el más culto de los amigos.

Internet ha cambiado al público, ya no se trata de un grupo pasivo sino que selecciona. Este nuevo público, y aquí va uno de los tópicos más actuales sobre el asunto, palabreja incluida, es el prosumidor o el consumidor activo. Una frasecita para completar la idea: “La revolución de la web ha provocado que ya no se dirija la gente hacia el contenido sino que es la gente quien escoge los contenidos que quiere ver. Ha acabado el imperio de los medios de comunicación de masas y ha nacido el imperio del consumidor final, que elige qué quiere ver, cómo y cuándo”(Jose María Castillejo).

El consumidor activo parece existir. Según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2010-2011, el grupo de los que suele utilizar el ordenador (supongamos que consulta contenidos culturales en Internet) muestra una mayor frecuencia de asistencia a espectáculos culturales en directo, al cine o mayor afición por la música o la lectura. Además un 66.9% de la población usa internet por ocio y tiempo libre al menos una vez al mes, más los hombres que las mujeres, según la misma encuesta de 2014-15. Supongamos que en esa consulta web se buscan muchos productos culturales.

Quiero creer que a este consumidor activo y sin duda informado se sirve el periodismo cultural en sus diferentes modalidades. Por ello, creo poder decir que la función mediadora del periodismo cultural existe y es más necesaria que nunca en el contexto global y masivo que proporciona Internet.

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