Fidel Raso: “Por su esencia, el periodista tiene que estar donde pasan las cosas”


TEXTO: Fernando Sanz y Pedro Alonso / @FernandoSanzMor y @pedro_alonso7
IMAGEN: Fernando Sanz / @FernandoSanzMor

_MG_6774Fidel Raso (Sestao, 1953) habla con prudencia, salpicando sus respuestas con elocuentes silencios. Pese a haber dedicado toda una vida al fotoperiodismo y haber captado con su cámara algunos de los momentos más importantes del pasado siglo como la caída del Muro de Berlín, la guerra entre Irak e Irán o los ‘años del plomo’ en el País Vasco; Raso reconoce que ha adquirido “más dudas que certezas” que intenta disipar en sus paseos por las murallas de Urueña, donde ha puesto en marcha la librería Primera Página con la también periodista Tamara Crespo.

Con motivo de su ponencia inaugural en las VII Jornadas de Periodismo Social de la Universidad de Valladolid, ha charlado con elTintero para hablarnos de sus comienzos, de las redes sociales y del papel de los medios en la sociedad.

elTINTERO.- Una vida entera dedicada al periodismo, colaboraciones con grandes medios nacionales e internacionales, premios de fotografía… pero ¿cómo empezó todo?

Fidel Raso.- Estaba en el País Vasco cuando se produjo la Transición y se empezó a conformar el actual Estado de Derecho. Yo hacía fotografía social y algunos medios contactaron conmigo para hacer algunas coberturas. Este contexto me llevó a conocer la profesión y desde allí estudié la carrera en la Universidad del País Vasco (UPV). Aquellos años fueron muy duros: no sólo había que cohesionar España, sino que también había que hacerlo en un País Vasco que se llenaba de muertos por los atentados.

eT.- Unos años después dio el salto a internacional…

F.R.- Sí, en aquellos años se empezó a producir la fragmentación de una sociedad en un mundo cambiante [por la caída del bloque soviético]. Se estaba fraguando un nuevo orden mundial con nuevas alianzas cuyos ecos duran hasta hoy. Mira el caso de los peshmerga, los combatientes kurdos. Han pasado de ser terroristas a aliados de Occidente por su oposición al Estado Islámico, mientras que no dejan de ser ‘los malos’ para Turquía.

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eT.- La mayoría de los medios de comunicación ya no cuentan con enviados especiales, sino que se sirven de periodistas freelance con poca o ninguna garantía de seguridad ¿Cómo valora ese cambio de concepción?

F.R.- Ante todo creo que el periodismo es estar allí, es un concepto heredado y bien heredado. Por su propia esencia, el periodista tiene que estar donde pasa algo. Eso sí, al hecho de estar sobre el terreno hay que sumarle la necesidad de que tanto los directores como el público sea generoso y comprensivo: no se puede informar de todo. Recuerdo cuando estuve en la frontera entre Irán, Irak y Turquía, una de las zonas más minadas del mundo. No se podía informar de todo, pero el hecho de estar allí me permitió dejar una reflexión. Por otra parte, la crisis ha hecho que se haya disminuido el número de enviados especiales. Hay periodistas que van a los lugares de conflicto con pocos medios, casi como ‘un acto de fe’. Es cierto que los periodistas siempre asumen riesgos, pero hay que ayudarles un poquito. Creo que las partes implicadas deberían llegar a un acuerdo para conseguir más seguridad para los profesionales sobre el terreno.

En las redes sociales se da un exceso de síntesis y se corre el riesgo de dejar de ofrecer una información proporcional y veraz

eT.- Otro elemento que ha cambiado el trabajo de los periodistas son las redes sociales. ¿Usted es partidario de su uso?

F.R.- No comparto el entusiasmo tecnológico y creo que hay una cierta sobreactuación. Hay seguimientos en tiempo real muy detallados, pero al final del día seguimos sin saber lo que está pasando. Los titulares, además, son la puerta de entrada a la noticia. En las redes sociales se da un exceso de síntesis y se corre el riesgo de dejar de ofrecer una información proporcional y veraz, sin olvidar que el lector tiene sus propios criterios. Es una paradoja, pero el exceso de información nos lleva a buscar soluciones más sencillas y caemos en los estereotipos.

eT.- Pero parece una tendencia firmemente instalada en las redacciones

F.R.- Hoy más que nunca es imprescindible saber escuchar. Aunque suena a tópico, la terapia es “más periodismo”. Veraz, preciso y con una responsabilidad social. Elaborado con paciencia para no caer en la soledad o en el buenismo; que forje valores e informe para que la sociedad madure mejor. No olvidemos que la información local y nacional se ve salpicada por acontecimientos internacionales. Eso influye en las respuestas de los ciudadanos, especialmente en una democracia donde la sociedad es soberana, como en el caso de los refugiados. Por eso, creo que el periodismo necesita un nuevo pacto, un nuevo diálogo con la ciudadanía. Deberíamos buscar los cauces para que se diera ese debate.

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