Rafael Orellana y la YSUCA: compromiso y radio en El Salvador


TEXTO: Arancha Jiménez / @AranchaJimenezG 
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Foto: Fernando Sanz

Su disposición, curiosidad e interés hacen que una de sus expresiones más habituales sea, en español salvadoreño, “no me enoja”. Porque para nada le enoja conocer, escuchar, aprender e intercambiar experiencias, siempre con los ojos bien abiertos y la sonrisa enfundada. Rafael Orellana (El Salvador, 1982) es un comunicador con dilatada experiencia en radio y en compromiso, en radio comprometida. La suya es la YSUCA, emisora de la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA) y sueño del rector mártir Ignacio Ellacuría.

En El Salvador, el Gobierno y los propietarios de los principales medios de difusión masiva suelen hablar de libertad de opinión y de prensa como derechos fundamentales y como condición indispensable de la democracia. Pero si esa libertad de opinión y de prensa solo la pueden ejercitar quienes poseen medios no adquiribles por las mayorías, resulta entonces que la libertad de prensa y de opinión así ejercida es un hecho que hace imposible la democracia”. Esa clarividencia del jesuita vasco, como ocurrió con otros muchos proyectos apadrinados por aquel grupo de intelectuales y humanistas de la UCA asesinado en 1989, fue punto de partida para la creación de la YSUCA, que en noviembre de este año celebrará su 25 cumpleaños.

LOGO YSUCA2No cabe duda: trabajar allí, en una radio universitaria pero de difusión nacional, marca. En la charla con Orellana siempre salen a relucir frases como “dar voz a los sin voz” o “abrir un espacio para la participación de las clases populares”. Así que la visión y la filosofía del inspirador siguen vivas. Y es esa visión del compromiso y del sentimiento de permanente reto, junto a muchas de las vivencias profesionales que comparte, la que abre un nuevo horizonte en un panorama, el de los medios de comunicación, que en esta orilla del Atlántico (aunque el suyo sea el Pacífico) se ve de manera bien distinta.

Recientemente ha visitado Valladolid, donde ha tomado parte en la entrega del Premio Nacional de Periodismo ‘Miguel Delibes’ que concede anualmente nuestra Asociación de la Prensa, ha pronunciado una conferencia en la Fundación Segundo y Santiago Montes, su anclaje con la ciudad, y ha visitado distintas emisoras para conocer y aprender. Porque ampliar horizontes para nada le enoja a este comunicador, optimista triple A, cuyo lema es “si quieres hacer algo bueno en la vida, hazlo con todo menos con miedo”.

De su paso por las distintas emisoras que, amigablemente, le han brindado la oportunidad de ver, conocer y participar, concluye que pese a las diferencias que puedan existir en cuanto a sus naturalezas y objetivos, los medios de comunicación tienen problemas “muy similares” en ambos países. Y no es casualidad que en muchos casos esas dificultades tengan que ver con la existencia de determinadas limitaciones para hacer “un periodismo comprometido, una comunicación puesta al servicio de la sociedad”.

VOCACIÓN TARDÍA FORJADA EN EL CAMINO

De vocación tardía, inicialmente alentada por una prueba de aptitudes que realizó para ingresar en la UCA y que le llevó directamente hacia las Humanidades –“no había números y eso era bueno, porque siempre he sido muy malo con ellos”–, 15 años en la radio de la universidad le han servido para forjar esa pasión por la comunicación que le ha abierto las puertas, en todo este tiempo, a otros ámbitos como la formación o incluso el doblaje televisivo.

“Descubrí que la comunicación era mi destino cuando hice radio: fue ahí cuando me di cuenta de que esa era mi carrera. Y de ahí para acá todo ha sido ganancia”, reconoce antes de asegurar que su vocación se ha construido in itinere, desde su participación en el programa juvenil ‘Alguien como Vos’, realizado por los propios estudiantes de Comunicación Social de la UCA, hasta la actualidad.

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Foto: R.O.

Aquel primer proyecto, aún en antena y enmarcado en la proyección social de la YSUCA y de la propia UCA –de hecho la radio depende del Vicerrectorado de Proyección Social de la Universidad Centroamericana–, fue su escuela, y Luis Alonso Pérez, su maestro. “El programa tenía un formato variado y cada día ofrecía un contenido diferente: los lunes música, los martes literatura, los miércoles cultura, los jueves realidad política y los viernes de nuevo música. Los jóvenes tienen mucho que decir siempre”.

Como estudiante integrado en aquel equipo de novatos periodistas radiofónicos tuvo la oportunidad de aprender técnicas de locución, dicción, redacción de guiones e investigación en lo que comenzaba a convertirse en un camino sin retorno hacia el periodismo y la comunicación. Tras el programa llegaron las prácticas y por fin, la oportunidad de pasar a formar parte de manera profesional de la YSUCA, que por su propia génesis y por el modo en que Ignacio Ellacuría la concibió lleva la palabra “compromiso” en su ADN.

APUESTA POR “CONSTRUIR, FORMAR Y CREAR CRITERIO”

“La YSUCA tiene un compromiso con el pueblo, con la gente. Su vocación es decir la verdad, buscar la objetividad tanto en la información, en el contenido de sus noticias, como en su programación general. Trabajamos para que sea una radio constructiva, formadora, que ayude a crear criterios… y eso es un plus muy grande que marca la diferencia con otras radios de El Salvador”.

Orellana explica que es su carácter no comercial (cuenta con pocos espacios de esta naturaleza y es la propia UCA la que la financia) el que en gran medida la libera de ataduras y cortapisas y su apuesta por la verdad, sin excepción de escenarios políticos, la que en ocasiones la ha convertido en foco de quienes no admiten más verdad que la propia. “La YSUCA nació para servir al pueblo, ese fue y ese ha sido siempre su mayor compromiso. Y esa es una diferencia muy grande”.

El compromiso se ejerce de manera activa y pasiva: se trasluce en su programación, que busca acercarse al pueblo para que la sienta suya, para que la vea como el espacio en el que puede transmitir sus necesidades, sus preocupaciones, la situación de la comunidad en la que vive o incluso las injusticias que padece. Pero también hace labor social y en momentos de emergencia se ha erigido en epicentro de solidaridad con la promoción y difusión de campañas de ayuda que han llevado a los propios integrantes del equipo a desplazarse para entregarla a todas aquellas personas que “muchas veces quedan marginadas”.

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Foto: Fernando Sanz

“Es uno de los muchos compromisos que la YSUCA tiene con la población… además, claro, del contenido teórico que la UCA ofrece a través de los programas realizados por sus distintas unidades y departamentos”. Como lo explica Carlos Ayala, quien durante más años ha permanecido al frente de la emisora, Ellacuría apostaba por poner el conocimiento universitario a disposición del pensamiento popular siempre entendiendo que no eran contradictorios, porque el primero tenía que ver con el fondo y con las técnicas radiofónicas “mientras que lo popular de los programas se refiere a las formas de presentar los contenidos y a la participación directa de las mayorías”.

Es por ello que departamentos como Psicología, Filosofía, Sociología o Economía y centros como el Instituto de Derechos Humanos (Idhuca) tienen sus espacios en la parrilla de programación de una emisora que encuentra en su Academia no solo el sustento teórico para alimentar ese compromiso con el pueblo, sino una cantera imprescindible artífice también de la fidelización de una audiencia entregada que siente la YSUCA como su casa y sus voces, como su familia.

Para cuando las señales horarias marcaban el momento de volver a El Salvador, Rafael Orellana llevaba ya su maleta llena de ideas “nuevas y frescas” apuntadas a diario en una libreta que, a buen seguro, será consultada con frecuencia mientras encuentra la manera de poder aplicar lo mejor de lo visto y vivido a los distintos espacios de la YSUCA. Porque como él defiende, y como debería ocurrir con todo medio de comunicación, su emisora tiene el reto de mantener su filosofía y su misión, pero “mejorando y actualizándose” para poder brindar un “mejor servicio” a la población. Ahí es nada… así que con todo menos con miedo.

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