#TodosSomosParís pero #NadieSomosDamasco: Banderitas y cobertura televisiva


 

Ismael García Herrero, profesor asociado en Periodismo de la Universidad de Valladolid

El periodismo mide la salud democrática de un país, de la misma forma que los informativos miden la credibilidad de un medio de comunicación. Ante sucesos de alta trascendencia informativa, como el ocurrido el pasado viernes en París, es cuando la profesión periodística y los medios de información quedan retratados. En ambos casos, dicho retrato ha sido bastante desalentador en el medio televisivo de nuestro país. En lugar de interrumpir sus emisiones e informar sobre el mayor atentado sufrido por Francia en los últimos años, las principales cadenas privadas continuaron con su programación habitual y solo Antena 3 ofreció un reducido noticiario. No pude evitar sentir rabia y vergüenza a partes iguales por el lamentable ejercicio de, perdóneme el maestro Gabo por utilizar su frase en este artículo, “el mejor oficio del mundo” que se hace en la televisión española. Ninguna cadena privada estuvo a la altura de lo ocurrido, demostrando no estar preparadas para afrontar un suceso tan importante como este. El grupo Mediaset incluso se vio forzado a publicar, durante el fin de semana, un comunicado en el que se disculpaba por la insuficiente cobertura informativa.

Recientemente, en un informe elaborado por la Universidad de Oxford y publicado por Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, se concluía que los medios españoles son los menos creíbles de Europa. El Estado ha cedido licencias de televisión a grupos comunicativos privados, entre otras cosas, para que en los momentos informativamente relevante sirvieran como un servicio público. No es de extrañar que, con este panorama, solo un 34% de los ciudadanos de nuestro país crean que se puede confiar en la mayoría de noticias publicadas por los medios.

La decadencia del periodismo español no es, por desgracia, algo nuevo. El despido de miles de profesionales del sector (más de 11.000 desde que empezara la crisis) tiene como consecuencia el ejercicio de un periodismo mediocre y una pérdida de credibilidad que costará mucho tiempo recuperar. Es curioso y preocupante como, en detrimento de los medios informativos, cada vez más gente prefiere informarse a través de blogs y redes sociales.

En este sentido, otra de las cuestiones que ha marcado el final de la pasada semana ha sido el filtro tricolor de la bandera de Francia que Facebook ha habilitado para las fotos de perfil. No es la primera vez que la conocida red social ofrece la posibilidad de personalizar la fotografía de perfil. El pasado mes de junio, más de 26 millones de personas aplicaron un filtro arcoíris para celebrar el mes del orgullo LGTB+. Quizá sin darnos cuenta, la realización de ese pequeño gesto que refleja la solidaridad con las víctimas de los atentados de París, nos aleja de lo que pasa en otras partes del mundo y contribuye a aumentar la brecha entre oriente y occidente. Es la incoherencia de estar más preocupados por las muertes de ciudadanos occidentales que por las del resto de seres humanos. Obviamos los atentados que se producen en otras partes del mundo y perpetuamos una visión en que la que los occidentales somos el ombligo del mundo, mientras que el resto son los pobrecitos desafortunados a los que, de vez en cuando, nuestros países rescatan como garantes del orden internacional.

Tampoco hace falta caer en una competición de ver quien pone más y mejores banderitas, lo que está claro es que todos somos París pero nadie somos Damasco.

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