Calendario de guerra


Jorge Francés / @jorgefrances

11-S, 11-M, 7-J, 13-N. Seguimos sparisombreando fechas en el calendario de guerra. Aniversarios de matanzas, orgías del odio ocurridas en nuestro terreno de libertades. Las Torres Gemelas, los cercanías de Atocha, el metro de Londres, ahora los restaurantes y el Bataclan de París… ¿y mañana?

“El dolor de Francia es el dolor de España” escribía el Rey Felipe VI en el libro de condolencias instalado en la Embajada de Francia en Madrid. Una herida insoportable que cicatrizará hasta el siguiente zarpazo. Tiene razón Hollande, “es un acto de guerra”. Los atentados de París, como fueron los de Nueva York, Madrid o Londres son batallas de una misma guerra. Una contienda que se libra en paréntesis y no en puntos y seguidos, que se gana en puñaladas profundas a traición y no en campo abierto con batallones de infantería.

Creemos que es solo su guerra. La de los que crecieron en el odio. Por eso hoy lloramos por París, pero mañana nos secaremos los ojos y seguiremos pensando que nuestras ciudades son seguras, que hemos recuperado la burbuja. Pero también es nuestra guerra porque somos sus enemigos. Aunque no lo creas. El camarero que viajaba en los cercanías de Atocha, el turista que estalló en un autobús rojo de Londres o el joven parisino que disfrutaba anoche de un viernes de concierto. Ellos también, tu y yo también. Se burlan de nuestro tsunami solidario con Francia porque ni pestañeamos un par de días antes con la última matanza en Siria, Líbano o Sudán.

El odio no tiene cura. No hay más remedio que combatir y aguantar amarrados a las libertades a las generaciones de yihadistas que han decidido que su vida es más valiosa cuanto más muerte sean capaces de generar. Esto no va de religión, va de venganza. El reto debe ser parar la espiral de violencia que contagiará cada nueva generación. Que sus países dejen de estar presos de las dictaduras toleradas, de las guerras patrocinadas, de la miseria consentida, del desprecio a sus muertos. Que tengan también su oasis para que no envidien nuestro paraíso de derechos y prosperidad. Que no dispongan de argumentos para adoctrinar a nuestros olvidados.

Toca matar para no ser matado, pero ¿hasta cuándo? ¿Hasta que tiñamos de dolor todo el calendario? Defendamos nuestras democracias a la vez que rompemos la cadena de la venganza. Construyamos un futuro que no nos destruya.

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