El mastín que vigila la redacción


TEXTO: Ana Garrido y Carlos Santamaría / @garridoiros
IMÁGENES: Carlos Santamaría

fotocampillo2Pocas personas son capaces de aglutinar en un mismo salón a periodistas, publicistas, directores de comunicación, empresarios y políticos y que la conversación entre ellos sea fluida compartiendo un mismo punto de vista. Semejante milagro comunicativo lo obran personas como Óscar Campillo, director del periódico más vendido de España según los datos de tirada y difusión del OJD, el diario Marca.

Este leonés de nacimiento y bilbaíno de adopción se considera un “paisanín”, al que le gusta ser periodista e identificarse con el mastín, un animal “noblote, generoso, enérgico y sensible”, pero a la vez “rotundo”, que permite forjar esa personalidad típica de la gente del norte peninsular. Con el título de licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid tocaba hacerse hueco en unos años que estarían marcados por un cambio sociopolítico hasta entonces desconocido. Y con ese espíritu inquieto tan propio de los profesionales de la información pasó por las redacciones de Pueblo, Diario 16 y El Diario de León, ascendiendo a su dirección y a la de La Crónica de León,  y ya en Valladolid, director de El Mundo de Castilla y León y Radio Televisión Castilla y León, donde fue el primer director de dicho medio.

Autor de la primera biografía de Zapatero, fueron precisamente los años en los que el expresidente moraba en el Palacio de La Moncloa cuando Campillo tomó las riendas de la recién creada RTVCYL. Campillo fue el encargado de pilotar la nave durante dos años hasta que aceptó el reto de tomar los mandos de una mucho mayor: el universo Marca. En medio de una controvertida situación para el anterior director, que pedía un día sí y otro también la cabeza del entonces entrenador merengue, Manuel Pellegrini, el diario más vendido de España vivía una crisis de identidad que, si bien le permitía mantenerse en lo más alto a nivel de ventas, no era así en cuanto al nivel de popularidad. Se hacía necesario un cambio. Y ese cambio se llamaba Óscar y se apellidaba Campillo. “El trabajo en equipo no es un slogan, sino algo imprescindible para que el resultado sea mejor, porque los trabajadores muchas veces te defienden de ti mismo”, asegura.

Imaginaros; un hincha del Athletic, director de Marca. Es de locos

Sin apenas saber lo que era un fuera de juego, llegó Campillo a su primer día de trabajo en el número 25 de la Avenida de San Luis de Madrid, perfectamente conocedor de que en esta etapa profesional tenía que aplicar la máxima “Si tienes que atacar, ataca. Pero mata” y añade: “Imaginaros; un hincha del Athletic, director de Marca. Es de locos”. No tanto, si tenemos en cuenta la defensa a ultranza de los valores rojiblancos de su adjunto en la dirección, Santiago Segurola, un referente del panorama periodístico deportivo.

fotocampillo1Para Campillo, el periodismo nunca puede ser “un refugio para los mercenarios”. La ilusión, el trabajo, los principios, la suerte y la paciencia son, a su juicio, las premisas básicas para que el trabajo cotidiano dé sentido a esa carrera de fondo llamada vida. Admite que el cargo que ejerce ahora no es fácil, aunque se sincera al reconocer que nunca ha recibido presiones del presidente de fútbol de turno, y que es llevadero si tienes “los pies en el suelo y asumes que antes de director, eres periodista”. Y continúa añadiendo: “Los periodistas somos más necesarios que nunca y vienen buenos tiempos para la profesión si somos capaces de mantener los valores que nunca debimos olvidar, porque solo la verdad comunica”.

Lamenta que haya muerto el modelo “yo hablo y tú escuchas” y que las redes sociales se hayan convertido en indispensable fuente de información para millones de personas, periodistas incluidos. Reconoce no tener una cuenta personal en Facebook ni Twitter. “Las nuevas tecnologías han puesto patas arriba la profesión: tienen innumerables ventajas, pero peliagudos problemas derivados de su uso, porque ahora estamos vigilados y se multiplican los canales de información. Internet se ha convertido en una enorme hoguera de las vanidades, fácil para lo bueno, pero también para lo malo. Más que nunca necesitamos profesionales y editores independientes”, argumenta.

Ve en la credibilidad y la reputación las “materias primas” de cualquier director de comunicación porque solo desde un prisma leal y transparente se puede mirar al futuro con optimismo y trabajar en equipo, al cual, si bien reconoce su alto nivel de sacrificio y capacidad de trabajo, dio un pequeño tirón de orejas por apenas usar el libro de estilo. Y esa es también la labor de un buen director: no dormir nunca y estar siempre vigilante. Como el mastín.

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