De Sherlock Holmes, radios comunitarias y dignidades


ARANCHA JIMÉNEZ / @AranchaJimenezG

MorazánSoy consciente de que, para ser periodista, el titular que he elegido es ‘a priori’ poco informativo. Lo sé. Aún así, espero que cumpla con mi objetivo de engancharos a la lectura de una crónica poco periodística y muy personal sobre lo que ha sido mi verano. Sí, sé que suena a redacción típica de la vuelta al ‘cole’… y algo de eso tiene, porque en realidad he vuelto a clase para vivir una de las experiencias más intensas de mi vida.

Muchos sabéis que El Salvador me esperaba este verano. Dos meses, ni más ni menos, en el ‘Pulgarcito de América’, un país poco conocido en España con el que muchos habréis tenido un primer contacto en las últimas semanas debido, lamentablemente, al repunte de una violencia irracional y gratuita que, no contenta con haber lastrado su pasado, hipoteca su presente y pone en jaque su futuro. Un país con una riqueza natural desconocida muy superior a la de otros muchos que tienen menos pero venden mejor. Un país, sobre todo, con un patrimonio humano inigualable.

Había sido precisamente un ser humano ejemplar, pionero (de los de verdad, no como muchos de los que nos venden en estas tierras) y visionario el que me llevó hasta allí. Él se llama, se llamaba, Segundo Montes, y es el protagonista de mi tesis doctoral casi 26 años después de haber sido asesinado en la Universidad Centroamericana (UCA) ‘José Simeón Cañas’ de El Salvador en una masacre en la que perdieron la vida otros cinco jesuitas y una trabajadora y su hija adolescente. Sí, es uno de los conocidos en aquel país como ‘Mártires de la UCA’, uno de los que en España permanece casi escondido tras una causa judicial que nosotros, los medios de comunicación, nos hemos empeñado en llamar ‘Caso Ellacuría’.

Caja Montes

Sin querer entrar en honduras porque me emociono y me atrapa el espíritu de Paco Umbral y su libro, os cuento que Montes fue el primer defensor de los Derechos Humanos en un país al que llegó a conocer y sentir mejor que al propio. Junto a Ignacio Ellacuría, el también vallisoletano Ignacio Martín Baró, Jon Sobrino o Jon Cortina, entre otros muchos, luchó desde la intelectualidad y la independencia, aunque anclado siempre en su férreo compromiso con las mayorías populares, por un cambio que diera voz, espacio y luz a quienes siempre habían estado en la sombra. De la penumbra sacó también hasta la primera plana cuestiones de calado y actualidad como la incidencia de la institución del compradrazgo en El Salvador, la estratificación social del país o el papel de las remesas que aún hoy llegan por miles desde Estados Unidos. Puso en marcha el Instituto de Derechos Humanos de la UCA (¡qué feliz fue mi estancia allí!) y llevó hasta el Congreso de Estados Unidos el problema de los refugiados y migrantes salvadoreños.

IdhucaPero volvamos a lo nuestro. La investigación, en este caso centrada en el sustento de una tesis doctoral, es lo más parecido a lo que todos hemos soñado con hacer de nuestra vida periodística: una aventura al estilo Robert Redford y Dustin Hoffman en ‘Todos los Hombres del Presidente’. En mi caso, se trataba de conocer a una persona a través de los ojos de los demás, de quienes sí estuvieron a su lado, de quienes compartieron trabajo, descanso, diversión, apostolado e inquietudes con él. Una labor muy periodística, aunque no lo parezca: consiste, nada más y nada menos, en ir esbozando una figura a través de testimonios, documentación y objetos personales hasta conseguir perfilar una imagen lo más certera y real de él. No me digáis que, si a eso le añadimos la veracidad a la que obliga la profesión y el sustento científico de una investigación, una tesis en el campo de las humanidades no es periodismo puro.

El ya poco romanticismo con que veo esta profesión me lleva a ratificar, no obstante, que dentro de sus límites sigue siendo imprescindible cualquier experiencia de enriquecimiento y aprendizaje. Para mí, esta ha consistido en tratar de dar una explicación a todo el material que hemos ido encontrando, encajarlo en un escenario por definir o sentir plena emoción cuando se entra en contacto directo con los objetos de la persona a quien se estudia o a medida que aparecen documentos, artículos o conferencias entre los recovecos de una librería. Claro que la alegría es menor cuando, como en pocas ocasiones le pasaba a Sherlock Holmes, uno llega al extremo de la hebra de la que tira y descubre con horror que se acaba. Que hay que encontrar otro hilo. Que la labor detectivesca tiene que continuar por un camino aún desconocido. Pero es entonces cuando entran en escena todas esas personas que, como me ha ocurrido a mí en estos dos meses, acuden a tu rescate cual Doctor Watson. Y afortunadamente con ellos llegan nuevas cajas, documentos apenas legibles por el paso de los años, fotografías…

LA RADIO AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Radio Segundo MontesHa sido (y empleo este tiempo verbal porque aún me hace sentir cercana a lo que han supuesto, profesional y personalmente, estos dos meses) esa vocación frustrada de discípula de Holmes la que en El Salvador me llevó hasta la radio, pero a una radio bien distinta a la que nosotros conocemos. Apenas dos semanas después de llegar, dejé la capital para viajar hasta Morazán, en concreto hasta un lugar que cerca de 8.000 refugiados retornados tras diez años en un campamento en Honduras acordaron llamar Ciudad Segundo Montes.

Allí la Radio Segundo Montes, junto a Doña Sixta, quien me acogió en su casa y fue la mejor de las madres que hubiera podido encontrar, lo fue todo para mí: era un regalo artesanal, un viaje a la España de décadas atrás, la de la música y la participación, la de la cercanía, la de quien siente la del locutor como una voz más de la casa. Y también descubrí que lo era todo para ellos: el vehículo de difusión de lo que ocurría en la comunidad, de las noticias, las celebraciones, las defunciones o los avisos. Vamos, servicio público en estado puro, con todas las limitaciones imaginables pero con inagotable convicción e ilusión por parte de quienes la hacen a diario.

La Radio Segundo Montes lo era todo para ellos: el vehículo de difusión de lo que ocurría en la comunidad, de las noticias, las celebraciones… servicio público en estado puro

Gracias a la radio conocí a quienes habían sido líderes de la comunidad, que son recordados fervientemente con el agradecimiento digno de quien se ha sabido ayudado y querido por ellos. Y gracias a mi investigación sobre Montes conocí en Morazán, uno de los departamentos con mayor índice de pobreza del país –de los 26 municipios que lo conforman, seis se encuentran en pobreza extrema severa, diez en situación de pobreza extrema alta, seis en situación de pobreza extrema moderada y cuatro en situación de pobreza extrema baja– a Celina, una mujer de más de 70 años ataviada siempre con camisetas de Monseñor Romero. A ella, en una conversación en su casa, le escuché decir con toda franqueza (y dolor, sobre todo dolor) que los pobres han dejado de ayudar a sus hermanos y que a veces esos mismos pobres (y habla en primera persona del plural) tienen “mentalidad de ricos”, esa que les acerca, a través de la televisión, a todas las celebraciones del mundo pero siempre bajo el paraguas del consumismo. Ahí es nada.

En Morazán supe lo que es realmente la dignidad, la lucha por los principios de justicia social y solidaridad y el activismo político pero, sobre todo, el comunitario: el de un grupo de personas que, tras haber vivido una década sin manejar ni un dólar en un campo de refugiados, lucha 25 años después de su vuelta a casa para que el sistema económico, la política y los tentáculos de un mal entendido progreso no los engullan.

RATÓN DE BIBLIOTECA EN BRAZOS DEL JAZZ 

Noches de SwingA mi vuelta a la Casa de Huéspedes de la UCA, en la que además de dos madres (Mary y Leo) encontré grandes amigos, ayudantes y asesores “doctorales” en cada una de las personas con las que compartí estancia (Úrsula, Martha, Carlos, Vicente, Conrado, Mónica, Charo, Cristóbal, Silvia, Javier, María…), atisbaban aún casi cinco semanas de actividad “ratonera” en toda biblioteca, centro de investigación o instituto de Derechos Humanos que se preciara y, sobre todo, que tuviera estanterías, archivadores o cajas en armarios. Volvía a ser Holmes, pero para entonces era ya bien distinta. Era infinitamente más libre.

Y también entonces la radio con la que hasta ese momento había “coqueteado” me empezó a brindar horas fantásticas de jazz todos los miércoles desde las 22.00. El swing de Ramón Catalán en la YSUCA, una de las joyas de la Universidad Centroamericana, acaparó mis noches de los miércoles en un estudio desde el que saludé a amigos meneses y donde conocí y escuché, a través de las ondas, a niños prodigiosos con el piano y a estrellas del ‘pop’ capaces de quitar el hipo cuando cambian de registro.

Comunidad RadioyentesEn la YSUCA, que casualmente era casi vecina a mi casa en el recinto de la Universidad, conocí a Martín, a Rafa, a Yanira, a Michael, a Hazel… Rafa fue mi salvavidas cuando, en un ímpetu “creativo” de esos míos incontrolables, quise compartir en una conferencia un pequeño montaje a ritmo de cumbia con los testimonios de quienes me habían regalado sus vivencias con Montes. Y siguió siéndolo para poner música, felicidad y fútbol al periplo salvadoreño. Y Martín fue quien me hizo viajar, en una sola mañana, de la esencia del periodismo de Kapuściński a la realidad de lo que leemos, vemos y escuchamos a diario en los medios. Pero en ese viaje no estaba sola: estaba con los miembros de la Comunidad de Radioyentes de la YSUCA. De nuevo una comunidad, aunque en esta ocasión de escuchantes (¿se nota que soy de Pepa Fernández?) unidos por la fidelidad a la misma emisora. Ellos llegaron a conversar conmigo con abrazos, agradecimientos y con mucha crítica y clarividencia sobre el trabajo periodístico. También llegaron con café y pastas, con invitaciones de excursiones para mis futuros viajes y con una inquietud que no pudo por menos que llenarme de vida. Y con ellos llegó también el final del verano, ese cambio de viento que, igual que sacó a Mary Poppins de la mansión de los Banks, me trajo de vuelta a España.

Me gustaría que quienes hayáis logrado llegar al final de la “redacción” penséis ahora no solo que el titular tenía su sentido, sino que está cargado de vida: de la vida que dejaron quienes la perdieron para que la de los demás fuera algo mejor. Y también de la mía, que está ahora felizmente impregnada de la de aquellos que me regalaron un fragmento de la suya en el Instituto de Derechos Humanos, en Rectoría, en el Centro Monseñor Romero, en el Centro de Investigación, en la Casa de Huéspedes, en la YSUCA…

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6 comentarios en “De Sherlock Holmes, radios comunitarias y dignidades

  1. Desde Radio Segundo Montes, agradecemos la corta visita, y estamos agradecidos por su interes, en conocer la vida y lucha de una Comunidad que lleva Gloriosamente el nombre de Segundo Montes, quien nos sigue iluminando el camino que iniciamos hace 26 años, gracias y aqui les esperamos, bendiciones a todos y todas en la solidaridad para con esta gran Comunidad “Segundo Montes”

    • Juan Lucas! Yo le agradezco la ayuda pero sobre todo su trabajo, dedicación y compromiso. Sé que volveremos a encontrarnos y no olvido esos proyectos que tenemos pendientes y que, seguro, irán saliendo adelante. Un abrazo!

    • Millones de gracias, Vicente! Qué alegría tener noticias tuyas! Espero de verdad no defraudar con la tesis porque la expectación me tiene abrumada! Un abrazo enorme

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