Nuestro derecho. Su derecho.


BEATRIZ S. OLANDÍA / @beatrizolandia

topic_press-freedom-647x358No se dejen engañar por teorías, expertos o gurús del periodismo. Por muchas vueltas que se le dé a nuestra profesión, lo único cierto es que se trata de algo tan sencillo como ir a un sitio y contar lo que pasa. Es simple y, a la vez, tremendamente complicado, pero ese es nuestro cometido. No existe otro objetivo para un buen periodista que el de narrar lo que ocurre a su alrededor con el único final de que usted conozca la verdad. Por eso, en el momento que alguien impide a un periodista ejercer su trabajo, tenga muy presente que no se le está vetando a él, sino a usted mismo. Cerrar la boca de un periodista no es más que ponerle orejeras a la audiencia.

Con cada edición del Toro de la Vega se incrementa la tensión entre partidarios y detractores. Deberían entender ambas partes que los periodistas estamos en medio; incluso cuando algún medio de comunicación manifiesta abiertamente una postura en uno u otro sentido, les aseguro que la responsabilidad de tal decisión no descansa, en absoluto, sobre los hombros del periodista. Un profesional acudirá al torneo como acude a cualquier otro evento, con el objetivo de contar qué pasa.

Sin embargo, un elemento extraño se está introduciendo en el seno de los periodistas que acuden a la cita. He escuchado hablar a mis compañeros de miedo, de no querer ir a cubrir el Toro de la Vega; he visto a cámaras rodar por el suelo, bastones que se estrellaban contra técnicos, redactoras con la cara desencajada que han tenido que aguantar insultos, cuando no intentos de agresión.

Los protagonistas de tales vejaciones -hacia las personas y hacia la libertad de prensa y de expresión- se amparan en un presunto interés mediático por no sacar lo que ellos llaman “la verdad del Toro de la Vega”. Sin embargo, me atrevería a decir que en todos los casos, siempre se ha dado la oportunidad de expresarse tanto a partidarios como detractores de la fiesta. Pero pongamos que no es así; supongamos que algún medio de comunicación, equivocando su papel, opta por ofrecer una información sesgada del torneo, que no significa necesariamente manifestarse en contra, sino no mostrar ampliamente todas las posturas y los matices implicados. Aún suponiendo este extremo ¿es la violencia, verbal o física, la salida?

La respuesta es tan obvia que ofende a la inteligencia. Un comportamiento exaltado o violento nunca estará justificado, por mucho que el periodista o el medio de comunicación haya errado en su cometido, ya sea intencionadamente o no. Es más, la FAPE pone a disposición de cualquier ciudadano la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología a la que pueden acudir para defenderse de esos presuntos ataques o malas prácticas. Cualquier otra forma de protesta que implique un intento de amedrentamiento es un lamentable ataque a la libertad de prensa.

No se trata de estar a favor o en contra del Toro de la Vega; se trata de defender o no nuestro derecho a informar y su derecho a la información.

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