A pie de campa


IMG_3262Cubrir un evento como el Día de Castilla y León no es fácil; los compañeros se afanan por ofrecer toda la información y todas las voces, venciendo las dificultades técnicas, y muchas veces meteorológicas. Por ello, hemos querido pedir a dos compañeros que nos cuenten su experiencia en la campa de Villalar. Mario Alejandre y Sonia Díaz nos prestan sus palabras para ver la fiesta con otros ojos, los de los periodistas.

VILLALAR ES COMPAÑERISMO. Mario Alejandre, SER

Trabajar EN Villalar el día DE Villalar debería ser algo obligatorio para cualquier periodista. Tendría que ser hasta una asignatura en las facultades de la Comunidad. Sobre todo porque obliga a salir de cierta pereza a la que te conduce la rutina diaria, la de la agenda y el comunicado. Y eso que el lógico paso del tiempo ha llevado hasta esta localidad algunas “comodidades” que, hasta hace no mucho, eran impensables. Ahora hay incluso carpas que permiten un mínimo abrigo de las posibles inclemencias meteorológicas, pero eso, sobre todo para el conocimiento de los más jóvenes informadores, no siempre ha sido así.

Y eso que mi primer Villalar como periodista fue en 2001, en la época en la que, por ejemplo las radios, disponían ya de líneas RDSI que garantizan un sonido de calidad. Eso sí, líneas que eran “tiradas” desde un poste telefónico a un cajetín que reposaba en mitad del campo y que obligaban a conectar los equipos y transmitir desde el interior de las unidades móviles, si la cosa se ponía fea. Tampoco la cobertura era entonces una maravilla (tampoco es que ahora sea como para tirar cohetes), y recuerdo como una operadora del sector, LA operadora, tenía que reforzar con equipos portátiles la señal en las inmediaciones del pueblo.

IMG_3253Pero los más veteranos del lugar podrán rememorar tiempos aún más complicados, para la propia fiesta y para el trabajo de los periodistas, cuando no había ni siquiera móviles y las informaciones y crónicas había que remitirlas a Valladolid desde el teléfono fijo que, amablemente, te “prestaba” algún vecino del pueblo. Vecino que, durante un día, veía transformada su salita en improvisada redacción.

Por cierto y, ahora que pienso, Villalar adelgaza. Buena parte de los actos tienen lugar en la plaza del pueblo, en el monolito, y otra parte en la campa. Y eso, según Google Maps, son 700 metros que en un 23 de abril normal, plumillas, fotógrafos y cámaras pueden recorrer varias veces. Algo que me lleva al que para mí es el mejor recuerdo que guardo ligado al trabajo en este día y uno de los elementos que hacen de este oficio algo diferente: el compañerismo. Más allá del ratito diario en la rueda de prensa y el café furtivo, entre campa y ofrenda uno pasa unas cuantas horas junto al resto de profesionales. “No he llegado a las declaraciones de no sé quién”, “¿a qué hora habla fulanito?”, “¿cuánta gente dice la Guardia Civil que ha venido este año?”…ante la imposibilidad de contar con el don de la bilocación, por más que se empeñen nuestros jefes, en Villalar, el trabajo “cooperativo” es imprescindible. Y compensa los paseos, los contratiempos meteorológicos o las dificultades para trabajar sin el cómodo abrigo de la mesa de redacción.

Echo de menos, por mucho que algunos lo justifiquen, la lectura del manifiesto. Y no sólo por su valor reivindicativo, si no también, y en un plano mucho más prosaico, porque, de alguna manera, indicaba, como el último cohete de los encierros, que la parte informativa del 23 de abril ya había finalizado. Y eso significaba, entre otras cosas, que había llegado la hora de almorzar. Y en Villalar se trabaja, sí, pero también se almuerza. Y quien, siendo periodista en Valladolid, nunca ha comido un bocadillo de panceta o un plato de paella sentado en la campa, se pierde uno de esos ritos imprescindibles que hacen diferente la vida del periodista de provincias.

MONOLITO A LA COBERTURA. Sonia Día, Europa Press

ambienteUn monolito a la cobertura, eso es lo que hay que instalar en Villalar. Desde que se pusieron puntos wifi en la sala de prensa del Ayuntamiento, bueno de prensa y de artistas, grupos de jotas y cantantes que trabajan cada 23 de abril en el municipio, todo ha cambiado, el pánico por no poder mandar la crónica del eterno canutazo del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, ha desaparecido de la cara de los periodistas que trabajan desde allí.

Y es que la cobertura móvil siempre se ha convertido en el principal problema de los medios de comunicación en el momento de plantearse ir a cubrir la Fiesta de la Comunidad en Villalar. No era raro ver cada 23 de abril a los periodistas a pie de monolito, rodeados de flores y paisanos disfrutando de su bocadillo durante el almuerzo, con sus ordenadores en un intento de captar algo de red para conseguir enviar sus crónicas.

El miedo a la falta de cobertura, algo que se ha conseguido solucionar en los últimos dos años, se une al madrugón que supone el viaje a Villalar para cubrir la visita del presidente al municipio epicentro de la batalla comunera. Si bien, Herrera ha sido el primer presidente que ha “normalizado” su presencia en Villalar desde 2002 y su empeño por estar presente, aunque fuera de forma simbólica, le llevó en 2003 a acudir a Villalar a las 8.30 horas de la mañana, ya que la jornada festiva en Castilla y León coincidió con la entrega del Premio Cervantes a José Jiménez Lozano, unas horas en las que fue recibido por unos madrugadores, o más bien trasnochadores, ‘paisanos’ que protagonizaron alguna que otra anécdota.

El canutazo el presidente es otro de los “problemillas” rutinarios en esa jornada. Se trata de las declaraciones más concurridas del año en un espacio de pocos metros en los que al final se acaba con el cuaderno sobre la espalda de algún amable compañero que facilita el uso de papel y boli mientras sujeta dos grabadoras que suelen quedarse sin pilas dado el “discurso corto” que caracteriza a Herrera –sólo 32 minutos este año–.

El uniforme para ir a trabajar a Villalar, deportivas y sudadera. Este es el ‘kit’ básico, ya que durante la jornada las carreras desde la plaza a la ‘campa’ son constantes, todo por las declaraciones de los numerosos responsables políticos y demás colectivos sociales que cada año se unen en el municipio en torno a esta fiesta.

La recompensa a las carreras se halla al llegar a la sala contigua al Ayuntamiento, desde donde se trabaja cada año. Allí, tras una semana de organización entre medios, esperan una estupendo almuerzo compartido que, entre crónica y crónica, sube el ánimo. Tortilla, hornazo, bizcocho… estas son algunas de las viandas que cada periodista aporta para hacer de esta jornada un día más ameno a pesar de las dificultades que conllevan trabajar desde un municipio pequeño de la meseta castellana masificado durante la jornada.

Así vive la prensa el Día de la Comunidad, una labor nada fácil que ha mejorado considerablemente en los últimos años y en la que se demuestra el compañerismo que existe entre los medios de la comunidad para intentar solucionar los baches que se presentan durante el día.

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