Las campañas electorales, colección de atropellos contra el periodismo


Jorge Francés / @jorgefrances

Spain's Prime Minister Rajoy briefs journalists at a two-day European Union leaders summit in BrusselsLos procesos electorales son los exámenes para los políticos. Incluso muchos consideran erróneamente que es el momento en el que deben ganarse el voto de los ciudadanos, en vez de por su trabajo diario ya sea en puestos de gobierno o de oposición. Las campañas electorales evidencian esa sensación de días clave, lo que aumenta la presión y los nervios de los candidatos y los partidos.  Durante esas dos semanas los políticos quieren tener el control de cada detalle, de cada imagen y de cada palabra que llegue a los ciudadanos. Al otro lado están los periodistas, que dan cobertura a los actos electorales pero que pueden desestabilizar con sus preguntas o con las imágenes que difundan el mensaje y los planes del jefe de la campaña.

Es una guerra democrática. El político cuenta su programa y enfatiza en mensajes concretos, y el periodista utiliza sus criterios periodísticos para que el candidato explique y conteste sobre cuál es su proyecto, sobre cuestiones de actualidad o incluso sobre temas menos agradables que surjan durante esos días. Sin embargo, en los últimos años, los políticos han logrado desequilibrar completamente las fuerzas de cada batalla. Han logrado conquistar y dominar el territorio del periodismo, y por extensión, el acceso a la información de los ciudadanos.

Las campañas electorales suman todas las prácticas de atentado contra el periodismo, todas las artimañas para restar su criterio y neutralizar cualquier desviación del mensaje y la imagen que se busca proyectar.  Unas prácticas, algunas elevadas a norma legal, contra las que la profesión ha protestado abiertamente, aunque hasta el momento no ha logrado la presión necesaria para cambiar las cosas.

BLOQUES DE INFORMACIÓN ELECTORAL, ATENTADO CONTRA EL  PERIODISMO

Las “normas” con las que los periodistas trabajan en campaña son todo un catálogo de agresiones a la esencia de la profesión.  Quizá la más hiriente es la que se desprende de la última Ley Electoral desde la cual en los procesos electorales se exige a medios públicos y privados que la información se realice en bloques electorales en el que el orden de aparición de los partidos y el tiempo dedicado a cada uno de ellos viene tasado en una proporción matemática exacta según los resultados de las elecciones anteriores. Estos bloques no tienen comparación en otros países europeos y eliminan por completo los criterios periodísticos a la hora de realizar la información.

En estos bloques quedan fuera las variables esenciales para dar relevancia a la información: la actualidad, la novedad o el interés.  La Ley predefine la escaleta de los informativos y también elimina otros dos de los elementos clave que el periodismo usa para clasificar las noticias: el tiempo (la duración de una noticia depende de su importancia) y la colocación (irá antes lo más relevante). Todo esto salta por los aires. El orden y el tiempo están marcados en una tabla que hay que cumplir al segundo (en medios audiovisuales).

Un atropello a la libertad de información que suprime la garantía democrática que debe suponer el periodista como filtro entre los mensajes de los partidos y lo que llega a los ciudadanos. Un atentado intolerable, una usurpación de la función de control del periodista que además provoca situaciones absurdas como estas:

– Hay que cumplir el tiempo para cada partido, incluso si el partido mayoritario suspendiera alguno de sus actos de campaña del día. El absurdo es que hay que llenar su tiempo con lo que sea o no se puede informar de los actos del resto de partidos. Ya ha sucedido.

– No importa el acto ni su relevancia dentro de la campaña de cada partido, el tiempo es intocable.  Así, los medios se ven obligados a dedicar informaciones de dos minutos de una visita del candidato mayoritario al un mercado,  y ese mismo día no pueden pasarse de 50 segundos aunque uno de los partidos de la oposición presente todas sus propuestas económicas, por ejemplo.

– El orden de aparición en los bloques es inalterable, luego se destruye cualquier construcción lógica de un relato sobre temas de actualidad. Me explico, en muchos casos la respuesta a una crítica o a un tema de actualidad se emitirá antes que la propia crítica, ya que hay que dar voz primero al partido mayoritario y después a la oposición aunque sea esta quien lanza la pregunta o crítica.

– Los partidos minoritarios quedan casi borrados del mapa. La distribución matemática del tiempo crea imposibles de cumplir, como informar de la campaña de un partido pequeño en 2 o en 8 segundos.

– Las nuevas opciones políticas o las que no obtuvieron representación parlamentaria en las elecciones anteriores desaparecen. No tienen tiempo asignado, así que no es posible que su mensaje llegue de ninguna manera hasta los ciudadanos.

En ningún país de nuestro entorno se lleva a cabo un sistema así, copiado de los bloques de propaganda electoral. En otros países europeos sí que se busca garantizar la proporcionalidad en la presencia de las fuerzas políticas, pero ninguno establece un control cuantitativo previo. Es un paternalismo y desconfianza en los medios innecesarios. A los medios de comunicación se les debe exigir ese respeto a la proporcionalidad y a la pluralidad, sin necesidad de normas que encorsetan la información y la convierten en propaganda.

Un atropello a la libertad de información que suprime la garantía democrática que debe suponer el periodista como filtro entre los mensajes de los partidos y lo que llega a los ciudadanos.

SEÑALES REALIZADAS Y AUSENCIA DE RUEDAS DE PRENSA

periodistas_pp_getty_1103Sin embargo, los bloques de información electoral no son el único atropello que sufren los periodistas en campaña. Durante este periodo tan sensible para la información política reaparecen y se multiplican las peores prácticas de control de la prensa.

Los partidos quieren supervisar cada imagen, cada sonido y cada palabra de sus candidatos y líderes políticos. Poco a poco han ido ganando terreno y expulsando a los periodistas de los actos de campaña. En la actualidad, muchos de los mítines y grandes actos no permiten que los periodistas ni los informadores gráficos estén presentes en todo momento en el lugar del evento.  Se les deja grabar imágenes y tomar fotografías al inicio y al final de acto, lo que coincide con la ovación de entrada y de salida de los candidatos. El resto del tiempo se les obliga a estar fuera del recinto, siguiendo el acto a través de una señal realizada por el propio partido.

No es algo irrelevante. El partido se convierte en los ojos del periodista, que no puede mirar donde considere interesante. Verá y escuchará solo lo que el partido organizador quiera y considere oportuno. Un nuevo ataque al criterio periodístico y la mejor manera de esconder cualquier cosa que suceda y no sea beneficiosa para el candidato. Los periodistas deben escribir sus informaciones solo con la referencia de esa señal realizada, y la televisión también tiene que enseñar el acto solo con esas imágenes: imposible encontrar un mal gesto, cualquier protesta en la sala, una zona de menos afluencia de público, un incidente durante el mitín… o incluso una zona mal iluminada o el perfil malo del candidato.

No hay acceso real de los periodistas al candidato, y en muchos casos (cada vez más) ni siquiera es posible la interacción necesaria para contrastar informaciones. No es posible hacer preguntas, la esencia del periodismo. Muchos candidatos y líderes políticos pasan días y días de campaña sin celebrar ninguna rueda de prensa, sin que nadie les pueda preguntar. Todo lo que se difunda debe tomarse la intervención en el acto, es decir, de la señal realizada, es decir, de un entorno completamente controlado y sin capacidad de réplica que elimina al periodista como intermediario necesario entre el político y los ciudadanos.

Es necesario un paso más, y que las empresas editoras se unan a la protesta de una forma contundente. Sin ellos, será imposible recuperar terreno

UNA RESPUESTA CONTUNDENTE Y UNITARIA PARA EVITAR SEGUIR PERDIENDO TERRENO

El periodismo no puede seguir permitiendo que los políticos sigan conquistando el terreno de la libertad de información, tampoco en las campañas electorales.  La profesión necesita una respuesta contundente y unitaria contra todas estas prácticas que son una auténtica bomba en la línea de flotación de la labor periodística.

La Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) y los sindicatos de periodistas se han manifestado radicalmente en contra de los bloques de información electoral y llevan desarrollando iniciativas de protesta desde el año 2011. En muchas redacciones, las informaciones electorales no se firman también como forma de rechazo a estos ataques descarados. Ante estas Elecciones Europeas de 2014 la Asociación de la Prensa de Madrid ha solicitado a todos los partidos al menos una rueda de prensa al día en campaña para garantizar la labor informativa.

Pero no es suficiente. Es necesario un paso más, y que las empresas editoras se unan a la protesta de una forma contundente. Sin ellos, será imposible recuperar terreno. Cada metro perdido en la libertad de información es una bofetada al derecho a la información de los ciudadanos, una pedrada a la Constitución y a nuestra democracia.

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2 comentarios en “Las campañas electorales, colección de atropellos contra el periodismo

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