La información local, la gran olvidada


Texto: Felipe Serrano / @azulmanchego 
Foto: FRLORENTE, infolibre.es

felipeserrano

(Ponencia de Felipe Serrano en las II Jornadas #HayOportunidades Periodismo local e hiperlocal)

Comenzaré con una noticia local de hace unos años, publicada en El Norte de Castilla, con la que me he encontrado casualmente en los últimos días. Dice así:

Un exinspector de policía se suicida tras cometer presuntamente cuatro asesinatos en Valladolid

JBM, considerado el principal sospechoso de los asesinatos de tres mujeres y un hombre, se quitó la vida de un disparo en la cabeza en su domicilio particular el pasado 24 de diciembre.

Los últimos crímenes violentos acontecidos en Valladolid tenían, según fuentes de la investigación, un único autor. Se trataría de un exinspector del Grupo de Homicidios de Valladolid, prejubilado en 2006 y con veinticinco años de servicio en el cuerpo de Policía.

Una noticia, como digo, local, de indudable interés y que viene a demostrar que cuando hay una historia potente que contar, en este caso de la crónica en negro, los moldes informativos importan bien poco. Al destinatario de la información lo que le importa es que la noticia sea veraz, que resulte de interés y que esté bien contada. Poco más.

Ahora bien, de todo ese amplio abanico de noticias que nos invaden cada día tengo la impresión de que el lector, oyente, telespectador, o consumidor de información a través de los medios digitales, no tiene suficiente con lo que recibe. Lo oferta es tan abrumadora y nos puede llegar por tantos canales que, al final, y aunque no conviene generalizar, lo que el destinatario de nuestro trabajo va buscando, donde se siente más cómodo, es en ese tipo de informaciones que le son más próximas, más reconocibles y que, llegado el caso, más le pueden afectar a su vida diaria.

La información local es un éxito en sí misma porque habla de lo que conocemos o de lo que nos afecta

Tengo la impresión de que cuando alguien pone la radio, o enchufa la tele, o acude al kiosco a comprar un periódico, o se mete en Internet para ver qué ha ocurrido, no va buscando las palabras de cualquier líder político sobre un determinado escándalo, o sobre las elecciones en Afganistán o en Siria. Es muy posible que pasen de largo por las páginas de economía o de opinión, pero donde sí se van a detener con seguridad es en las páginas o en los minutos dedicados a la información local. Una información que es un éxito en sí misma porque habla de lo que conocemos o de lo que nos afecta.

A todo el mundo le interesa lo que pasa en su barrio o en su pueblo. Es más, ningún gran medio va a profundizar en una historia que preocupe a los vecinos, una vez que la noticia haya sido exprimida. Lo bueno de la información más cercana es que no es excluyente. Lo local y lo global pueden y deben coexistir porque son perfectamente compatibles.

Aun así, la información local es la gran olvidada del Periodismo. Una especie de Cenicienta, despreciada en ocasiones por puro desconocimiento, aunque sea la preferida de los oyentes, lectores o telespectadores. Para algunos medidos, la información local se ha convertido en una especie de jarrón chino, un recipiente muy valioso, muy atractivo, que no pasa de moda, pero que nadie sabe muy bien dónde situar y qué hacer con él. Tampoco creo que deba ser una estación de paso, o una especie de plataforma para dar el salto a otras secciones, supuestamente, más importantes. Aquí hay materia prima suficiente como para que uno pueda desarrollarse plenamente desde el punto de vista profesional sin necesidad de anhelar otro tipo de metas.

Creo que para alguien que empieza en esto, o que quiere avanzar profesionalmente, el sueño de su vida tal vez sea poder ejercer como corresponsal de guerra o irse a alguna de las grandes ciudades del mundo, o ser cronista parlamentario, o formar parte de un equipo de investigación o, incluso, acudir como enviado especial a esos grandes acontecimientos planetarios.

Algunos, en cambio, que posiblemente también tuvimos esas ambiciones, hemos dedicado parte de nuestra vida profesional a la información local y he de decir que también en este campo se puede ser periodista de verdad. Y no sólo eso, sentirse reconocido y valorado porque la información local y regional tiene entidad propia. El periodismo local tiene futuro, aunque su presente no esté debidamente valorado.

La información local es un microcosmos que es un resumen a una escala reducida de ese gran órgano que es el Periodismo con mayúsculas

Imagino que no debe haber muchos estudiantes de Periodismo que sueñen con pasarse la vida en local, pero es aquí donde mejor se puede aprender el oficio. Periodismo en estado puro, una especie de rompeolas donde confluyen política, economía, cultura, sucesos, viajes, ciencia, gastronomía, literatura… y todo lo que se nos ocurra. Un microcosmos que es un resumen a una escala reducida de ese gran órgano que es el Periodismo con mayúsculas.

felipePero hay otro aspecto que me gustaría destacar. Tiene que ver con el hecho de que, como es obvio, los grandes medios cuentan con muchos recursos de todo tipo y, en cambio, en la información local las limitaciones son mucho mayores. Quiero decir que se puede hacer un buen cesto si dispones de los mimbres adecuados y que el resultado no será tan vistoso, por muy artesanal que sea, si no cuentas con suficiente material.

Una redacción potente, en un gran medio, resiste mejor los embates de la información cuando llega el momento, porque siempre llega, de las presiones para evitar que una noticia salga a la luz. Si eres una figura consagrada alguien te puede llamar para sugerirte que sigas un determinado camino y seguramente lo hará de una forma bastante sutil. Sin embargo, si trabajas en una pequeña emisora, o en un periódico regional, es muy posible que los poderes económicos, políticos y sociales, se crean con el derecho de decirte lo que tienes que hacer.

Si eres Iñaki Gabilondo o Pedro J. Ramírez, por citar a dos periodistas que están ahora en segundo plano pero que en su día marcaron tendencia informativa, es posible que si te llama un ministro, o un presidente regional, o un alcalde, o directamente alguien de Moncloa para decirte por dónde tienes que ir… si alguien así te llama y eres un periodista de renombre, puedes mandar a paseo a quien se quiera entrometer en tu trabajo y no ocurre nada.

Ahora bien, la cosa cambia cuando esas presiones (políticas, económicas o sociales) van dirigidas a un modesto, o no tan modesto, medio local o regional. Y subrayo esto, no a modo de crítica, porque la casuística es muy variada, sino para destacar precisamente el valor que tiene ejercer el periodismo en el ámbito local. Ser periodista en un gran medio es algo que está muy bien, pero ser periodista en un medio pequeño (que también es algo que está muy bien y no solo en los tiempos que corren) es, sencillamente, algo admirable y que debería hacernos sentir muy orgullosos.

Sólo recuperando la autoestima, si es que la hubiéramos perdido, y dejando a un lado los complejos, si es que existieran, podremos hacer mejor nuestro trabajo que es, al fin y al cabo, de lo que se trata. El periodismo local bien vale una profesión y esta que nos ocupa, con sus sinsabores, es de las más gratificantes y útiles que puedan existir. Aunque no sean buenos tiempos para este oficio de contar las cosas.

Sólo recuperando la autoestima y dejando a un lado los complejos podremos hacer mejor nuestro trabajo que es, al fin y al cabo, de lo que se trata

El periodismo local o hiperlocal o de proximidad también puede ser una de las soluciones de futuro en esta época de zozobra económica. Todas las chicas y chicos que salen de la Facultad quieren ser Ana Pastor, Jordi Évole, Carles Francino, Carlos Herrera, Casimiro García-Abadillo o Nacho Escolar… y, sin embargo, tendrán que conformarse con bastante menos. Todos aspiran a trabajar en la tele, en un gran periódico, o en esa emisora de radio que tanto nos gusta, pero como no va a ser posible, porque no hay sitio para todos, habrá que buscarse la vida en otra parte.

Y ese otro sitio puede ser, por qué no, el periodismo de barrio, la información local, o hiperlocal. Nunca podremos competir con los medios tradicionales, pero como bien dice el lema de estas Jornadas “hay oportunidades” y sólo es cuestión de saber buscar esos nichos ocultos. Tenemos la gran ventaja de Internet, que lo aguanta todo, y sólo es cuestión de tener una buena idea y dejarse la piel en ella. Casi nada.

Dicho lo cual, conviene no llamarse a engaño y crear falsas expectativas. En periodismo está todo inventado, y aunque los nuevos modelos y canales funcionan y pueden ser un medio de vida, no es nada fácil vivir de ello. Por mucho auge que puedan tener este tipo de proyectos. La parte comercial, que es la que garantiza la supervivencia, acaba siendo más importante que los contenidos.

Y todo esto en un contexto general poco alentador. Corren malos tiempos para la profesión, por culpa de la maldita crisis, de la falta de horizonte, del paro que hay en el sector, de la precariedad laboral, de las dificultades económicas de las empresas, de la explotación de los becarios, de los despidos y prejubilaciones…, pero también estoy convencido de que el buen periodismo siempre tendrá futuro.

Con futuro o sin él, con oportunidades o sin ellas, en los medios tradicionales o en los de nueva creación, sea una noticia local o universal, los valores de este oficio permanecen inalterables: la defensa de los más débiles, el compromiso irrenunciable con la verdad, la honestidad intelectual, el coraje para resistir las presiones, la valentía para evitar la autocensura, el respeto por la ignorancia propia, ya que no siempre lo sabemos todo aunque hablemos de todo. Todos estos mandamientos se resumen en uno: humildad.

Humildad para ser conscientes de nuestras limitaciones. Con frecuencia, con demasiada frecuencia, es mucho más lo que desconocemos que lo que sabemos. Es muy sano y muy aconsejable que los periodistas aprendamos a respetar nuestra ignorancia. Humildad y ausencia de vanidad, porque nunca somos más importantes que las noticias que contamos.

Termino por donde empecé recordando la noticia con la que iniciaba esta intervención…

Un exinspector de policía se suicida tras cometer presuntamente cuatro asesinatos en Valladolid. Una noticia de aquí firmada por Rosario Tejedor, Redactora jefe de Local en El Norte de Castilla.

Una noticia que a más de uno puede haber extrañado, sobre todo porque es ficticia y porque, afortunadamente, nunca sucedió. La he sacado de Memento mori, el primer libro de esa magnífica trilogía de vuestro paisano César Pérez Gellida. A algunos lectores debió parecerles un atrevimiento elegir un escenario, no demasiado habitual, como es Valladolid, para situar una novela tan ambiciosa. A mí, en cambio, me encantó esa osadía.

Quiero decir con ello que da igual que una noticia sea local o internacional, o que el escenario de una novela esté situado en Estocolmo, en Reikiavik, en Madrid o a orillas del Pisuerga. Lo que importa, lo único que de verdad importa, es que haya una historia que contar, que esté bien construida, y que nos pueda interesar o, sencillamente, conmover.

Y da igual, por tanto, que esa historia esté escrita por un periodista estrella o por un humilde redactor de información local o regional. En Estocolmo, en Madrid, en Valladolid o en Portillo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s