Periodistas de gabinete de ida y vuelta. “Las etiquetas ponen en duda tu profesionalidad”


Texto y fotos: Franca Velasco / @francavelasco

Maite Rodríguez (Asturias, 1972), estudió en Madrid. Tras dos años de doctorado, prácticas en RNE y El Mundo, surgió una oferta de trabajo en TVE que la llevó a Salamanca, donde cubrió información general y deportes, que también despachaba a Europa Press. Después, Valladolid, una ciudad que consideraba adecuada para vivir y donde, además, residía su familia. Siete años y medio en el Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Valladolid y de ahí, un nuevo salto a la prensa, en este caso escrita, en El Día de Valladolid, donde lleva otros siete años y medio.

Mario Alejandre (Valladolid, 1977) estudió en Salamanca. Prácticas en la Cadena SER de Madrid en el verano de 4º de carrera. Pucela también tiraba por cuestiones familiares, y así se integró, de nuevo, en prácticas, en la SER de Valladolid. Terminado ese periodo, surgió la oportunidad de continuar en la redacción, en la que se mantuvo de 2000 a 2008. Una llamada le llevó al Gabinete de Prensa del portavoz de la Junta de Castilla y León, donde permaneció hasta el final de la legislatura. Decidió, entonces, volver a la radio, donde sigue desde el verano de 2011.

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Son periodistas de medio y gabinete, y después del gabinete, de nuevo medio. Ida y vuelta. Se nota que tienen ganas de expresarse y me llenan la grabadora de pensamientos espontáneos pero, fruto de su experiencia, casi sentencias. Resulta que a los periodistas, a no ser que seamos grandes estrellas, no se nos suele preguntar lo que opinamos, ni cómo nos sentimos. El mediodía nos deja a veces rayos de sol y a veces nubes en la Plaza Mayor, y entre unos y otros charlamos, en sus soportales, a veces atropellándonos. Intentamos desentrañar un misterio que, a pesar del enunciado, no tiene nada que ver con el medioambiente. ¿Existe la contaminación?

¿Qué es lo que más pesa en la decisión de salir de los medios e integrarse en un gabinete de prensa? ¿No da vértigo?

Maite Rodríguez.- Los primeros meses me dio algo de vértigo, sí. No había antecedentes de prensa en el Grupo, todo era prueba-error, pero ese vértigo no me lo planteé. Había acabado un periodo laboral, tenía que reconducir mi vida y surgió la posibilidad. Me pareció una buena idea. No había hecho nada de política, tampoco conocía mucho la ciudad, y fui haciéndolo todo nuevo, a ver por dónde salía el sol.

Mario Alejandre.- La sensación que tenemos aquí no es la que se tiene en todos los sitios. Aquí la etiqueta se pone más rápido. En Madrid, por ejemplo, no se tiene esa idea de “dar el salto”. Hay gente que está trabajando en el Gabinete de Prensa de Izquierda Unida en el Ayuntamiento y de repente pasa al equipo de Gallardón, y se ve como algo más o menos normal. Me pareció interesante cuando surgió la oportunidad ver cómo trabaja el gabinete de una Consejería, una organización política que conocía por mi trabajo en la radio. Pero sí, me dio muchísimo vértigo. Llevaba ocho años en la SER y da respeto dar el salto a un gabinete, donde estás muy condicionado a la persona, en este caso el consejero de Presidencia, así que eché mano de la excedencia para poder regresar.

¿Se ponen etiquetas, entonces?

M.R.- … Yo al principio no pensé que las hubiese ni fuesen un problema, pero es verdad. Tú no cuestionas que alguien lleve la campaña de BMW, o de Mercedes, porque trabajas como profesional, no como militante. …Y aunque fuese así, desarrollas una labor profesional. No lo barajé al principio, pero después comprobé que es cierto, que está ahí. Son etiquetas, además, que acaban siendo negativas en todos los ámbitos, que parece que manchan. Nosotros somos los más duros con nosotros mismos, no valoramos nuestra propia profesionalidad.

M.A.- Yo lo noté, incluso, más, en la propia profesión. ¿Un tío que ha trabajado para la Junta de Castilla y León? ¿Tú de qué vas?… y te miran como si estuvieras contaminado, intoxicado. Somos profesionales de la comunicación. No se valora el enriquecimiento que supone para la persona el conocimiento del “otro lado”, generar la información, no sólo procesarla y transmitirla. Respeto que alguien sea feliz pasándose veinte años en el mismo sitio haciendo lo mismo, pero personalmente, como perspectiva profesional me parece pobre y limitadora. Cuando luego regresas al medio, muchas imágenes preconcebidas de cómo funciona un gabinete de prensa se han dinamitado.

 ¿Cómo fue vuestra reacogida en la profesión?

M.R.- A los compañeros les cuesta entender. Y la gente acaba buscando múltiples razones de por qué te fuiste, por qué has vuelto, cuando al final la explicación es la más sencilla. Pero también es cierto que tú mismo te pones el límite de “que no parezca que vengo condicionada”, y a veces, incluso, puedes meter la pata, pasándote por el otro extremo. Estás intentando “parecer profesional”, cuando no debería existir esa duda.

M.A.– Te vas presionando a ti mismo: que en mis informaciones no parezca que muestro especiales simpatías o cercanía hacia nadie o nada. Pero quien quiere buscar la excusa, redactes lo que redactes, encontrará que “estás siendo suave”, que “defiendes a”.

Hay otros lugares, otros sitios en los que trabajar, y eso no significa que seas más o menos profesional que quien lleva toda su vida en el mismo

¿Cómo se lleva eso?

M.A.- Te reconozco que mal. Esa etiqueta supone que ponen en duda tu profesionalidad. Nuestro trabajo debería estar libre de prejuicios y todavía hay mucho de eso. Estar quince, veinte años en un sitio, en el fondo es una suerte… no hay más que ver los datos de la EPA, pero hay otros lugares, otros sitios en los que trabajar, y eso no significa que seas más o menos profesional que quien lleva toda su vida en el mismo.

M.R.- Como dice Mario, puede que sea un problema de falta de movilidad; parece que aquí, cuando se empieza en un sitio, es ahí donde hay que estar hasta el final. Lo más importante es irte bien y poder seguir manteniendo amistad, pero que no influya. Buscar el equilibrio personal. Y en el fondo, el temporal siempre pasa. Todo caduca. Al principio cuesta, pero no hay que darle más importancia a que al principio se te cuestione.

¿Se te cuestiona más desde el otro bando político o desde la propia profesión?

M.R.– La gente a la que entrevistes nunca te lo va a decir a la cara, si lo piensa. Frente a los políticos soy yo la que me autocensuro, ellos pueden tener algún prejuicio, y puede que lo digan por detrás, pero es difícil que te lo exterioricen. Se siente más por parte de los compañeros, porque tienes más contacto diario con ellos.

M.A.- En mi caso más desde la profesión, por comentarios que te van llegando. En la institución al principio hubo el típico chiste fácil “¿Qué hace aquí el de la SER?”, pero luego comprueban que haces un trabajo profesional y no hay problema.

¿Dónde habéis sufrido más presión, en el gabinete o en el medio?

M.R.- Son muy distintas. En todo caso, creo que ahora mismo, dada la situación laboral y económica, la mayor presión ya no es la censura ni cómo enfocar la noticia, sino la presión de la supervivencia. Eso está afectando a todos los medios. Y en el “otro lado” depende de la persona que tengas por encima. No hay ningún político igual que otro.

M.A.- Presiones sufrimos todos. El que diga que no las sufre, vive en Jauja. Y muchas veces no hace falta que te presionen, te presionas tú mismo porque sabes para qué medio trabajas y cuál es la línea editorial. No imagino a un redactor de la Cadena COPE haciendo una pieza criticando la reforma del aborto del actual Gobierno, ni a uno de la SER hablando de despidos después de los ERES de Prisa. Igual que, si trabajas en una institución con unas directrices, te van a exigir que las cumplas.

¿Quien no ha pasado nunca por un Gabinete, imagina cómo funciona y cómo es por dentro?

M.R.- La estructura de la organización y cómo se articulan los mecanismos de comunicación no se ven desde fuera. Pesa mucho la etiqueta de “en el gabinete se cobra mucho y se trabaja poco”, y probablemente, porque haya gente que haya abusado de eso, castigamos a los compañeros. No se puede generalizar. Desconocemos el trabajo unos de otros. En mi día a día en el periódico tengo limitaciones y tengo que pensar que el que está al otro lado las puede tener también. Si le pido algo y no lo consigo de inmediato, no puedo pensar que es un vago y que se ha ido a casa y ya no va a coger el teléfono en toda la tarde.

M.A.– Debería ser obligatorio para todos los periodistas de los medios pasar unos meses en un gabinete, y para el del gabinete, que ha crecido allí, pasar por los medios. Esas etiquetas que nos vamos colocando no son justas. En los medios también hay jefes, gente que trabaja mucho y otra que no da palo al agua. Imprescindible que los caminos se crucen en algún momento, que el profesional del medio sepa por qué a veces la información que se demanda no se recibe en el plazo que se necesita.

¿En qué fallan los periodistas de gabinete?

M.R.– Algunos se convierten en comisarios políticos, entre comillas, y esos son los que generan problemas al resto de los compañeros. A veces parece que avanzamos por caminos distintos. Lo que buscan los medios y lo que a veces pretenden ofrecer gabinetes políticos y comerciales son realidades diferentes. Creen que menosprecias, que no te interesan sus notas. Desconocemos la realidad del otro, y en vez de encontrar un punto de confluencia, provocamos un choque de trenes.

M.A.- Se reduce todo a una cuestión de profesionalidad y enfoque. Si el jefe de prensa, que suele ser una persona de confianza, asume el rol que el titular de la organización o institución pretende transmitirle y se convierte en alguien que se limita a despejar balones y cerrar puertas, puede llegarse a la situación de que algunos vayan incluso más allá de sus propios jefes. Pero también sucede en los medios, donde hay periodistas muy sectarios que llegan a la rueda de prensa ya con el titular en la cabeza con independencia de lo que les cuenten. Todo se reduce al buen criterio, el sentido común y la profesionalidad, tanto en el gabinete como en el medio.

Los medios están evolucionando mucho, ¿y los gabinetes?

M.A.- Algo muy importante es que en muchos gabinetes se haya perdido el miedo a contar con periodistas, con larga trayectoria en medios, que no han estado necesariamente vinculados con ese partido o esa institución. Esa es la manera de que los gabinetes se vayan modernizando y estén en manos de personas que sepan cómo son las necesidades de los medios, que sean profesionales de la comunicación, que entiendan que en los medios las cosas se piden siempre “para ayer”.

M.R.– Ahí tenemos una asignatura pendiente, porque los gabinetes con las nuevas tecnologías, podrían ser autosuficientes para informar a su público objetivo a través de otros canales, webs propias, internet o redes sociales, y derivar a los medios de comunicación sólo la información que tiene interés público. Los medios tenemos overbooking de información, tenemos que priorizar, y ahí surgen encontronazos.

Si se plantea de nuevo un gabinete institucional o empresarial y encaja con mis necesidades personales, sin ningún problema. Lo importante es no tener miedo a cruzar a otra trinchera siempre que se sea profesional

¿Cómo imagináis vuestro futuro?

M.R.- Cuando me fui del Ayuntamiento sí tenía ganas de volver a la profesión, por la vidilla diaria, necesitaba, digamos, agotar la vida periodística ordinaria. Ahora no lo sé. De momento… Tengo más vocación de periodismo de calle, pero eso sí, a mí los años de gabinete me formaron en aspectos en los que no te formas en la profesión: lenguaje administrativo o aprender a leer determinados documentos. Lo que me cuesta cada vez más es decir: “otro salto de reciclado”… como al volver al periódico, que tuve que comenzar de cero con sistemas informáticos nuevos, por ejemplo. Supongo que será el paso de los años.

M.A.- Cuando esto te pasa con veintitrés años, te da un poco igual todo. Te sale el gabinete y te vas. Ahora ya lo que necesitas o quieres a nivel profesional pasa a un segundo plano, y lo primero es la estabilidad de tu familia. ¿Que me apetecería ser corresponsal en Washington? ¡Claro!, sería estupendo… pero mi futuro será lo que nos proporcione estabilidad a mí y a mi familia. Si se plantea de nuevo un gabinete institucional o empresarial y encaja con mis necesidades personales, sin ningún problema. Lo importante es no tener miedo a cruzar a otra trinchera siempre que se sea profesional.

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