Periodismo y docencia


CARLOS SANTAMARÍA

educacion1Un profesor en la carrera comentaba al que suscribe que el periodismo se aprende en la puta calle (sic). Y no le faltaba razón. La realidad no se encuentra entre cuatro paredes prefabricadas. La verdad está en cada uno de los rincones de nuestro país, región, ciudad, barrio, casa… Y está ahí, dispuesta a que la descubramos. No importa cómo se presenta. La noticia puede venir en forma de acontecimiento deportivo, de inauguración de un parque o de una historia personal que, independientemente de su cariz, no nos deja indiferente.

Pero en ocasiones, la vida y sus circunstancias se cruzan por el medio y no te permiten trabajar en aquello que deseas y para lo que estudiaste, y tienes que buscar alternativas que te faciliten la supervivencia en un mundo sobreglobalizado. Una de estas opciones es la docencia, probablemente, junto con la medicina, el trabajo con más variantes. Matemáticas, Historia, Geografía, Lengua, Literatura, Latín, Inglés, Francés y la siempre tan olvidada como necesaria Educación Física, son sólo algunos ejemplos de materias que, con más o menos éxito, hemos tenido que superar durante la etapa escolar para alcanzar eso que llaman ‘cultura general’.

Para ello, es fundamental el trabajo y el esfuerzo de unas personas que cuando somos párvulos les tenemos tal respeto que casi les consideramos nuestros padres, pero a medida que nos vamos haciendo mayores el grado de indiferencia que sentimos hacia ellos provoca que, incluso, pierdan la ilusión por enseñar. Esos currantes muchas veces incomprendidos son los profesores, un pilar clave de la sociedad, cuya misión es formar y educar a las generaciones venideras. Pero cuando hay que enseñar a los que van a ser los profesores del mañana, el reto es doblemente complejo, a la par que apasionante.

Sin embargo, la juventud está huérfana de una misión significativa y todo su estudio se reduce a una mera preparación para el ejercicio de una determinada actividad profesional. ¿Por qué pasa esto? Porque no se lee, o mejor dicho, nuestros estudiantes no entienden lo que leen. Así lo prueba el famoso Informe PISA, que año tras año nos recuerda que los españoles estamos a la cola de Europa en cuestiones educativas y lectoras, lo que nos lleva a cuestionarnos por qué es tan urgente aprender cuanto antes la lengua de Shakespeare si no dominamos aún la de Cervantes.

A pesar de estos desalentadores datos, nuestra sociedad está llena de docentes que llevan adelante el proceso de educación, tanto en el sentido del pleno desarrollo de la personalidad como en el de la instrucción, porque la vida constituye un constante peregrinaje hacia la adquisición de nuevos conocimientos. Da igual la formación universitaria del docente en potencia: Farmacia, Óptica, Psicología, Historia, Periodismo… Una titulación de posgrado te puede convertir en profesor de Magisterio, un trabajo que, sobre todo en tiempos de crisis, se está convirtiendo en un valor seguro. La gente va a seguir estudiando por aquello del ‘reciclaje’ y de la obligación de engordar el currículum, a pesar de que muchas veces le tengamos que poner a dieta para poder optar a un empleo irrisorio de sueldo sonrojante… aunque los emolumentos de los maestros tampoco les da para un chalé en la Sierra precisamente.

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