El viejo comodín


Texto: Adrián Leal Martín
Foto: Rubén Ojeda

FyL,_UVASegún el Informe Anual de la Profesión Periodística 2013, obra de la Asociación de la Prensa de Madrid, en España se han licenciado en Periodismo más de 77.000 personas desde 1976 hasta el año pasado, de las que más de un tercio han obtenido la titulación entre 2008 y 2013. Si enfrentamos el número de periodistas en activo con la destrucción de empleo que ha tenido lugar desde 2011 hasta el mismo 2013, que ha sido de un 20%, es difícil no tener una perspectiva negativa de la realidad periodística.

El camino del periodista se empieza a forjar al inicio de la carrera, pero quizás convenga considerar la situación de muchos titulados después de finalizar los estudios y buscar una adecuada inserción laboral, antes de tratar por separado el periodismo.

Realidad ‘postuniversitaria’

El porcentaje de titulados universitarios supera el 35% de la población activa, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, y la tasa de desempleo entre jóvenes titulados alcanza el 14%, frente al 5,7% de la media europea, según un informe de 2013 de la Fundación Conocimiento y Desarrollo. Como último apunte al recién mencionado informe, un 36% de los titulados universitarios trabaja en puestos que requieren una cualificación inferior a la que tienen.

La idea de la ‘sobrecualificación’ de los jóvenes españoles, es decir, la gente con estudios superiores que no encuentra trabajo de aquello en lo que se formó, lleva como poco seis años orbitando en los medios de comunicación, a propósito de cada nueva encuesta de población activa. En contra de esta idea se pronuncia Pedro Roque Molina García, rector de la Universidad de Almería, en un artículo titulado ¿Más universidades de las necesarias? en el periódico digital Saber Universidad, asegurando que “en cuanto a la “sobre cualficación”, hay que situarla en el contexto actual”, antes de parafrasear a la socióloga Marina Subirats. En palabras de esta socióloga, hablar de ‘sobrecualificación’ es “muy discutible porque se suele tomar como referencia las variables del mercado: cuando necesita a gente, es fácil que la tome infra cualificada, para que aprenda. Y cuando la demanda baja, como ahora, resulta que en realidad sobra gente preparada”.

García Molina defiende la labor universitaria dicendo: “Que tengamos universidades y que nuestros jóvenes estén bien formados no es una equivocación”, y concluye aseverando que “hacer universidad, por su carácter universal, es hacer nación, estado, vida colectiva, acervo común, propiedad y patrimonio de todos. Y esto nunca puede ser mucho”.

 A un periodista que quiere sacarle provecho a lo que ha estudiado no le hace gracia tener que hacer otra cosa no relacionado con lo suyo

Ciertamente, gente mejor preparada puede aspirar a más y mejores cosas que aquellos que no han tenido una formación que ahonde en el conocimiento de alguna materia (al menos en teoría). No obstante, a un periodista que quiere sacarle provecho a lo que ha estudiado no le hace gracia tener que hacer otra cosa no relacionado con lo suyo, a pesar de que tener el título en el currículum vista, y muy bien. Trabajar de camarero es legítimo al 100%, pero no era parte de la premisa que consumió cuatro o cinco años de vida para superar una carrera concreta.

En un artículo publicado en noviembre de 2010 en El País, Eduard Brull i Piqué, secretario de la Delegación de Alumnos escuela Técnica Superior Industrial de Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid, critica el ‘boom’ educativo que ha habido en España en la última década, donde la oferta de pupitres universitarios ha “crecido inexorablemente” a pesar del bajo nivel en secundaria. Brull i Piqué considera que tiene que haber menos plazas en las universidades para los estudiantes. Cree que hay un exceso de gente licenciada e ingeniera en España para las necesidades que puede atender y absorber el mercado laboral. Atribuye la edificación e inauguración de centros y campus universitarios a una “mala gestión política”, que atendió al rédito a corto plazo electoral y local, en vez de una visión de conjunto, amplia y de futuro para la sociedad.

Es difícil cuestionar la labor educadora e integradora de las universidades en las aulas, pero la necesidad de consonancia con el mercado laboral que todo estudiante se encuentra fuera de los estudios es ineludible. ¿Los centros de estudios superiores han estado desconectados de la vida laboral que atañe a las disciplinas que imparten en las aulas? ¿Sigue vigente la cultura de “ten un título para ser alguien” en la sociedad, de tal manera que ese pensamiento justifique el acceso abundante a estudios superiores? ¿Está viva la mentalidad de que “el que accede a una formación profesional lo hace porque no vale para la universidad”?

Sin perder de vista el ámbito español en materia universitaria, uno de los objetivos de Europa 2020 comentados por Durao Barroso en 2011 era “reducir la tasa de abandono escolar del 15% actual a menos del 10% y aumentar el número de jóvenes titulados universitarios del 31% actual al 40%”. El desnivel entre ‘éxito’ en secundaria, progreso en formación profesional y la inserción laboral de los titulados universitarios está lejos de un estado cuanto menos razonable.

Ante la duda, periodista

Antes de que estallase la burbuja inmobiliaria, y con la noción nada errónea de que había familias con mayor holgura económica que en los años siguientes, se matriculaban ‘muchos’ jóvenes cada año en la carrera de Periodismo que impartían los diferentes centros de enseñanza superior. Sólo tomando la muestra de la Universidad de Valladolid, cada primero de carrera había unos 120 alumnos matriculados (60 en cada clase).

120 potenciales periodistas cada año es un número elevado si se compara con la cantidad de gente que había en otras carreras que se impartían dentro del mismo edificio. En las filologías cada grupo de estudiantes era casi como una familia, se conocían o desconocían todos con el mismo grado de intensidad. Cualquiera que pasease por un pasillo universitario y, al pasar por una clase de alguna filología, echase un fugaz vistazo por la ventana, contaría una media de diez asistentes. A su vez, las especialidades clásicas de Latín y Griego daban una imagen agonizante si alguien se asomaba ahí dentro.

Para el adolescente que considera seguir estudiando en la Universidad, Periodismo es ese comodín seductor que resuelve la papeleta de cualquier duda en la elección y que no desagrada de entrada

Si aun teniendo en cuenta las adversas circunstancias económicas y el varapalo de tener menos becas, Periodismo es una de las carreras en las que más gente se ha matriculado hasta el año actual, alguna razón habrá para que resulte atractiva. La titulación se ha consolidado con el paso de los años como la carrera ‘cajón de sastre’ en la que individuos con vocación comunicadora conviven con aquellos que no tienen ningún apego por ninguna disciplina pero se lanzaron al estudio de una carrera. La vertiente multidisciplinaria de la carrera es un punto fuerte para quien quiera prosperar en su formación académica, pero como quien tiene el deseo de cruzar un puente que no conduce a ninguna parte, al menos puede tener la satisfacción de conseguir cruzarlo. Como asignaturas, aparte de aprender a redactar, se imparten: Derecho, Economía, Ética, Literatura, Historia, Lengua, Sociología y Publicidad, de manera imprescindible. Hay un espacio reservado para saber qué es comunicación, para después soñar con Lasswell y sus amigos.

Asimismo, aunque la imagen social del periodista actual no es muy positiva, pues en el mejor de los casos se responde con un pésame, para el adolescente que vuelve del insti y considera seguir estudiando en la Universidad (fundamentalmente porque el contexto se lo permite y su familia le orienta de buen agrado), Periodismo es ese comodín seductor que resuelve la papeleta de cualquier duda en la elección y que no desagrada de entrada. Parece “divertido”, “chulo”, puede opinar el menor antes de entrar en harina. Y en lo que al temario se refiere, ¿cómo va a sorprender dar un salto del bachillerato a la universidad en un caso en el que no hay una gran diferenciación académica? No existe una carrera más próxima al Bachillerato hasta ahora impartido por la rama de Ciencias Sociales que Periodismo.

Hay gente que estudia Periodismo y no sabe a dónde va. Hay gente que estudia esta carrera sin mucha ilusión por su estricto ejercicio profesional y piensa en hacer un legítimo y loable puente con la docencia, aunque debe ser vocacional. También hay quien estudia esta carrera para complementarla con otra esfera de su vida, por ejemplo, amoldando el periodismo al deporte, y así vemos grandes comentaristas deportivos.

Periodismo, como carrera y como oficio real más allá de las aulas, propiamente adquiere definición, pero los antiguos planes de estudios han sido ‘cajones de sastre’ disciplinarios y estudiantiles. Esto último no es negativo en sí, pero puede ser parte de la explicación de la captación de jóvenes mentes en la esfera universitaria.

Aunque la tendencia del ser humano sea la de conquistar la longevidad, los estudiantes deben cada vez más pronto decidir por qué ramas del saber, y posteriormente del hacer, se quieren mover, dentro de sus capacidades. Con la situación económica agravadora de problemas y un mínimo de conocimiento de las salidas profesionales actuales, quizás el comodín del periodismo se debilite paulatinamente.

En el abordaje de esta carrera, es imprescindible considerar algún que otro gran nombre del periodismo. En el programa ‘Al rojo vivo’ emitido por La Sexta el viernes 31 de enero, Pedro J. Ramírez explicaba que había sido “ofrecido como sacrificio en un ritual a las fauces del poder”. ¿Esto motiva o desmotiva?

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Un comentario en “El viejo comodín

  1. Buenos días,
    yo no estoy de acuerdo en que Periodismo sea una carrera comodín ni tampoco que la mayoría la elige “por hacer algo”. He estudiado periodismo en esa misma universidad con otros 119 compañeros sí XD y todos ellos estaban allí por vocación. No considero que pueda ser una carrera comodín entre otras cosas por la nota de corte, que es de un 7 y no de un 5. Una carrera en la que desgraciadamente sí he visto esa situación de manera exagerada, hasta el punto de que 8 de cada 10 estaban allí por hacer algo es Magisterio.

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