La imagen de las mujeres periodistas en la televisión


Maje Muñiz / @ladymaje
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Montserrat Boix, periodista

Existen diferentes lugares de encuentro con desconocidos en los que las conversaciones pueden derivar por los más misteriosos derroteros. Los ascensores y sus “pues se ha quedado buen día” son de lo más predecible, aunque siempre existe el riesgo de emprender la subida por ese angosto hueco con la maruja del bloque y te interrogue sobre la posibilidad de que en el octavo haya una casa de citas. Y luego están los gimnasios, en los que entre mancuerna y mancuerna lo mismo planean actuación en caso de apocalipsis zombie que te critican a Sara Carbonero a voz de “a esa chica la quitas de la tele y se hunde en el fracaso”.

¿Qué ocurre con las mujeres y la televisión? Si pensamos en presentadoras, en género femenino (sea en informativos o en otra clase de programas) la media de edad se sitúa mucho más abajo para su pervivencia en las pantallas que para los hombres. ¿Que no? Piensen en los Manolos o en la etapa de Iñaki Gabilondo en Cuatro. Ahora, piensen en mujeres que pasen de los cuarenta y mantengan sus puestos. Y no me sirve Ana Blanco, está claro que por la señora no pasan los años.

Una mujer no debe sólo ser más joven sino que ha de cumplir con ciertos cánones de belleza no exigidos a los hombres

Y una mujer no solo debe estar por debajo de la franja de las cinco décadas. También debe cumplir unos cánones de belleza que tampoco se exigen a sus colegas masculinos de profesión. Piensen ahora en ‘Sé lo que hicisteis…’: ellas, recauchutadas y maquilladas hasta el tuétano; ellos, con un reparto que incluía a Miki Nadal.

Sin irnos al extremo de programas de ese estilo, traigamos a nuestra mente imágenes de algunos bustos parlantes femeninos que nos traen las noticias de cada día hasta nuestros salones y cocinas: Raquel Martínez (TVE), Cristina Saavedra (La Sexta) o Mónica Carrillo (Antena 3). Todas ellas atractivas a la vista y jóvenes.

Ya en la calle, las reporteras varían en edad y condición física. Rosa María Calaf (prejubilada de la cadena pública), Montserrat Boix o Almudena Ariza son ejemplos de que se puede hacer estupendamente un trabajo televisivo sin aparecer en las listas de las periodistas/presentadoras más atractivas de la TV (que las hay).

Pero en plató parece que las cosas funcionan de otra manera. Seguramente hayan visto el vídeo de una presentadora americana comentando un mail de un espectador que le recriminaba su sobrepeso y el flaco favor (si me permiten la expresión) que hacía a la audiencia saliendo así por sus pantallas. La susodicha, lejos de ofenderse, aprovecha el cruel comentario para recordar que comportamientos así fomentan el acoso en los colegios. Los niños hacen lo que ven en casa.

¿Hasta qué punto influye la imagen -en su sentido más estricto- que la prensa audiovisual proyecta sobre sus audiencias? Nos quejamos de la publicidad pero ¿qué pasa con el periodismo? ¿Se ha alejado de la realidad tanto en formas como en contenidos?

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