Desde el patio de butacas


Judith Carrera Bécares

Rueda_prensaweb

Integridad. La palabra con mayor fuerza expresada en boca de Iñaki Gabilondo, una voz que a todos nosotros (periodistas o ciudadanos; periodistas y ciudadanos) nos evoca responsabilidad. Otro concepto que, sí, debemos sacar del baúl polvoriento y escribirlo cada día con nuestras plumas (o teclados, lo mismo da).

Dos formas de entender y aplicar la vida; también la profesión. Una vocación en la que hoy vivimos nuestros días más bajos, como recordó Jorge Francés, presidente de la Asociación de Periodistas de Valladolid, en el trascurso de la entrega del XVIII Premio Nacional de Periodismo ‘Miguel Delibes’, concedido a Iñaki Gabilondo por ese regalo para el oído que fue el programa radiofónico ‘La lengua que nos une’, emitido el 27 de octubre de 2013 en la Cadena SER y más allá de nuestras fronteras.

Periodismo (1)Integridad cuando las adversidades minan la calidad del trabajo. Responsabilidad para con todos los ciudadanos (aquellos que nos leen y los que no). Añadamos humildad, porque nos equivocamos. ¿Y aprendemos? ¡Por supuesto! Aprendemos de la humildad de los maestros del periodismo. Y no me refiero sólo a Gabilondo –que también- sino a Manuel Leguineche, Isaías Lafuente, Gervasio Sánchez, Rosa María Calaf, Diego Carcedo (y tantos, tantos otros, laureados o anónimos en su hacer).

Reciclaje. Que no chico para todo. Porque la Sociedad en transición demanda más información y de mayor calidad (reflexión, profundidad, frescura, análisis). La información circula a la velocidad de 140 caracteres; en ocasiones, nos arrastra sin tener la rapidez mental de echar el freno de mano a esa vorágine de infoxicación y acudir a todas las fuentes a nuestro alcance. Que son numerosas y, sí, ahora más directas. La nuestra es una profesión de preguntas. A cada respuesta le sigue otra pregunta. Y a esta, otra más.

Optimismo. Malos tiempos para la prensa. ¿Alguna vez fueron buenos? En esta decimoctava edición del Premio Nacional de Periodismo ‘Miguel Delibes’ se tuvo el acierto de ampliar el registro del uso del español a todo el abanico de medios de comunicación que la revolución tecnológica permanente –y hoy acelerada-, ha fabricado. Oportunidad, pues. Herramientas a disposición de la palabra y de los profesionales que las emplean.

Sólo resta encontrar la fórmula mágica de modelo de negocio. Eso sí, nadie duda que la calidad es un ingrediente imprescindible y base. ¿Alguien duda de que el futuro se escribe con tinta?

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