Nuevas tecnologías, nuevas responsabilidades


BEATRIZ S. OLANDÍA / @beatrizolandia

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Que los tiempos están cambiando en el mundo del periodismo es algo que no se puede negar; de hecho, el panorama mediático no ha parado de transformarse desde que comencé en esto como simple becaria. Pero ni los cambios están llegando ahora – tal y como parece por la continuas charlas, coloquios y jornadas al respecto- ni van a cesar, pues si hay algo que caracteriza el momento en el que nos encontramos es que todo está en continua evolución.

Huiré del clásico debate de si el papel va a desaparecer o no. No porque ignore que, efectivamente, hay una parte de la profesión verdaderamente preocupada por ello, sino porque me siento realmente incapaz de emitir una opinión sólida… nunca he sido demasiado buena diagnosticando el futuro. En todo caso, conste en acta que desconfío tanto de los agoreros que creen que el mundo se hunde con la celulosa como de los entusiastas de las nuevas tecnologías que desprecian el trabajo aún analógico.

Pero en todo este mar de dudas, sí podemos asegurar que hay un hecho innegable, el de la llegada de las nuevas tecnologías y las redes sociales a nuestro ámbito. Tenemos páginas web, facebook, twitter y demás plazas cibernéticas a disposición de los llamados medios tradicionales, y su uso se ha extendido al máximo, como no podía ser de otra manera. Hasta aquí, no he descubierto nada nuevo, pero considero que en muchas ocasiones, y muy erróneamente, se relegan esos ámbitos de las nuevas tecnologías a un papel meramente presencial y ornamental. Craso error.

Estar presente en las redes no es suficiente; esa irrupción ha de ser coherente con la línea editorial del medio y cuidada, del mismo modo que el trabajo “analógico” es mimado – o debería serlo- hasta que el producto final es digno de aparecer bajo el nombre de nuestro medio. Parir una página web y no cuidar su actualización, apariencia, correcta redacción y adecuado tratamiento de los temas es un error tan garrafal como el que cometen otros muchos dibujando un perfil excesivamente serio o demasiado informal que no case con la idiosincrasia de la empresa.

Estar presente en las redes no es suficiente. Esa irrupción ha de ser coherente con la línea editorial del medio y cuidada

Sé que el problema del que derivan estos lodos es la falta de personal en las redacciones. A duras penas se llega a cubrir la información del día a día como para tener un equipo exclusivo que se encargue de las redes, que sería lo ideal. Pero en este caso no se puede descuidar ese aspecto del negocio periodístico que, entre otras cosas, es la única vía que nos une con una gran parte de la población que ya no compra el periódico o que, al menos, se informa de manera mayoritaria a través de las redes. Se trata, pues, de apostar por una información de calidad en todos los canales en los que el medio esté presente, sin menospreciar ninguno de ellos. Ese descuido llevaría, casi seguro, a la pérdida de un importante volumen de negocio -utilizo esta expresión para los más entusiastas de la pela- o, lo que es más grave, a manchar en un par de clics lo que tantos años ha costado construir: nuestra imagen como medio.

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