“Nadie nos pide la verdad, nadie la tiene, pero sí veracidad, honestidad e identificar lo importante”


Franca Velasco / @francavelasco

20131022_CarlosBlanco02Rezonga, se resiste y cabecea murmurando en ese tono sosegado tan suyo, aunque finalmente presenta su rendición con la frase “¿Pero, qué quieres que te cuente?” y un rápido izado de hombros.

Aunque cuando le conocí, a principios de los noventa, peinaba menos canas, no puedo negar que los avatares del tiempo le han tratado bien y han respetado su espíritu conciliador, su mirada soñadora, su apabullante seguridad en sí mismo, cierta sonrisa de párvulo pillado in fraganti y una firme confianza, incluso, en el futuro de una profesión a la que llegó cuando las facultades de Periodismo aún no se habían alumbrado.

 Carlos Blanco Álvaro fue el socio número 3 de la Asociación de la Prensa de Valladolid que ayudó a rescatar, precisamente en aquella época, los primeros noventa, con no poco esfuerzo, del coma cerebral en el que llevaba años sumida.

 Recuerda de entonces que la APV tenía un pequeño patrimonio económico y otro mucho más grande y valioso, fotográfico, que desde entonces custodia el Ayuntamiento de Valladolid “y que sería interesante”, me dice, “que recuperaseis y pudieseis exponer”. Tomo nota.

 Aunque ahora milita en la Asociación de la provincia en la que nació, Segovia, sigue residiendo en esta ciudad, cuyo periodismo observa de reojo, desde el palco de la semi-retirada, después de abandonar la Cadena SER, a la que dedicó la mayor parte de su vida profesional, pero aún escribiendo artículos de opinión aquí y allá.

 Cuando mantenemos esta conversación quedan poquitos días para que se constituya el Colegio de Periodistas de Castilla y León. Lo mira desde la distancia y afirma que espera “representatividad, que ejerzan de árbitro en los conflictos, pero también autoridad desde el punto de vista ético y deontológico”.

 “No hay mucho que los diferencie, se llamen asociación o Colegio”, dice, “puesto que ninguno de ellos es de pertenencia obligatoria para los periodistas de la Comunidad; y, a partir de ahí, que cada uno saque sus conclusiones”, adorna con puntos suspensivos.

Ayer

De vuelta a aquellos primeros tiempos, cuenta que llegó a Radio Valladolid de la mano de Rafael González Yáñez, a quien define como “el inventor de la radio moderna”, director de la extinta Hoja del Lunes que editaba la APV y también director de la SEMINCI.

 “Le debo todo a él”, dice, “porque no sólo me enseñó, sino que aguantó mis torpezas desde que empecé en el 79, hasta que le sustituí como jefe de programas de Radio Valladolid en el 83”.

 Y en ese puesto se mantuvo casi dos décadas, recorriendo sigilosamente los pasillos de una emisora en la que, mientras tanto, se sucedían los directores. Siempre “juntando letras”, en silencio, tecleando primero las máquinas de escribir con papel de calco, y adaptando después los dedos al ordenador, levantando apenas la mirada por encima de las gafas para preguntar, de vez en cuando, si estabas bien.

 Emprendiendo el segundo milenio, partió como subdirector hacia El Día de Valladolid, de la mano de PRISA, y luego se embarcó hacia Tenerife, donde puso en marcha los informativos regionales, un reto impensable para quien no hubiera tenido su mano izquierda manejando islas. Por retruécanos del destino, y cuando su barco se dirigía de vuelta a Madrid, acabó recalando de nuevo en casa, justo para vivir la mudanza de Radio Valladolid a la calle De la Estación.

 Pero su estreno en la emisora de Montero Calvo llegó con las primeras municipales, de cuya noche electoral conserva un nítido recuerdo. “Contra todo pronóstico, ganó el PSOE y coincidió que Rodríguez Bolaños estaba esa noche en la emisora “, sonríe, “entró como invitado y salió como alcalde y ni siquiera él se lo esperaba… ni él ni los directores de los medios que vinieron a la fiesta que organizamos, ni los candidatos de UCD, que partían como favoritos”.

Otra noche para recordar fue la del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. A la pregunta de cómo se vive eso en la radio responde un “bueno… a la expectativa; me acuerdo perfectamente de que estaba grabando algo en una cabina y me sacó de allí Luis Arias para que escuchara la señal que en esos momentos estábamos dando y llegué en el momento en que empezaban los disparos; no se estaba dando por televisión, no sabíamos lo que estaba pasando, pero pensamos que habían masacrado a la gente, y a partir de ahí, el miedo es libre; vi las caras de mis compañeros, nunca había visto caras tan blancas, parecían cuartillas”.

Hoy

Del periodismo que se vivía entonces al de ahora “hay para escribir una tesis”, dice, “el número de periodistas que en aquellos comienzos había en Valladolid se reducía a los que tenían la COPE, la Voz de Valladolid, que era una emisora del Movimiento que derivó en Radiocadena Española, y El Norte de Castilla… todos nos conocíamos”.

 Es probable que el número de periodistas en activo en la provincia a día de hoy se haya cuadruplicado, a pesar de los estragos que la profesión está sufriendo en los últimos años, y toca reflexionar sobre por qué llegamos al periodismo, por qué seguimos en él, a pesar de las condiciones que estamos atravesando.

“El que no entienda que esta es una profesión vocacional, no entiende nada”

 “Esta es una profesión muy vocacional, y el que no entienda eso es que no entiende nada; si no tienes vocación no vas a poder sufrir los contratiempos y sinsabores que tiene esto, porque, ¿quién quiere un sueldo que muchas veces no llega para cubrir las necesidades vitales o una vida familiar complicada? Sólo alguien que quiere ser periodista sobre todas las cosas”.

 A partir de ahí, hay que tener suerte. “Lo que tiene el periodismo es capacidad de deslumbrar, llegas a esta profesión deslumbrado, pero de igual modo, desapareces de repente, deslumbrado por las luces de un ERE en una cuneta”.

Mañana

 “No creo que nadie sepa decir lo que va a pasar en Valladolid de aquí a unos años, puedo suponer que será un periodismo distinto al que se está haciendo, puede que estemos ante un futuro de periodismo freelance, en el que la gente viva de vender sus noticias, su producto; pero el periodista es necesario, porque es el que produce la noticia. Sin periodistas no hay noticias, sólo portavoces o hechos… que a lo mejor es lo que alguno quiere”.

 El periodismo local atraviesa un momento complejo. Más allá de la crisis económica, de la caída publicitaria, de la subvención pública y de los despidos, nos enfrentamos a nuestras propias conciencias, a un examen diario acerca de nuestro trabajo. ¿Estamos haciendo periodismo? ¿Qué ocurre con la dignidad de la profesión? ¿Qué ha de cambiar? Nuestras propias respuestas a encuestas intestinas nos dejan en mal lugar. Nosotros mismos dudamos de nuestra independencia en una amplia mayoría.

 “Nadie nos pide la verdad”, reflexiona, “porque nadie la tiene, y se nos abocaría al silencio, pero sí se nos exige veracidad, honestidad, identificar lo importante, -que a veces no coincide con lo que el emisor del hecho considera importante-, y en ese sentido le veo futuro a esta profesión, porque siempre tendrá que haber gente que interprete la información para que los gabinetes de prensa no vendan sus motos continuamente, y jefes de redacción que eviten que los de abajo sufran las presiones, ejerciendo de pararrayos”.

 “Si no existieran los medios de comunicación no existiría la democracia, eso hay que tenerlo claro, y a partir de ahí… pues, a aguantar”, afirma rotundo, “pero la mejor garantía para la libertad de prensa es que esas empresas, que al final son los medios y necesitan su financiación, sigan existiendo, y cada uno, cuando compra un medio sabe lo que está comprando, sabe cuál es su sesgo, y a partir de ahí, es cada uno quien tiene que leer entre líneas”.

Como tiene prisa, le prometo una última pregunta, que a lo mejor serán dos. Es obvio que se sentiría más cómodo al otro lado del micrófono, preguntando y escuchando sosegadamente, como ha hecho tanto tiempo. Desde su perspectiva de décadas, Carlos renuncia a enunciar futuribles sobre el digital y el papel, aunque no acaba de mostrarse optimista sobre la supervivencia del segundo. “Yo quiero que siga existiendo el periódico de papel, porque disfruto leyéndolo por las mañanas, pero hay que ver las miradas que te echan desde los diecisiete años cuando acaban de leerlo en la tableta y te ven venir con el pan y el periódico…”, se ríe, “y batallas… las que puedas ganar, las otras ni te las plantees”, concluye.

 “Internet iguala las armas de los periodistas, y eso deja al descubierto el talento de cada cual”

 Aún mostrando una rotunda resistencia a las redes sociales, sí valora, sin embargo, la oportunidad que supone internet para el periodista, poniendo a disposición un caudal de información prácticamente sin límites. “Eso iguala las armas de un periodista en Soria a las de cualquier otro en Madrid o Nueva York, lo que por otro lado, deja al descubierto el talento de cada cual, que es lo que hay que pedir a los periodistas de ahora”.

 ¿Periodistas que empiezan? “No soy nadie para dar consejos”, dice enseguida para, inmediatamente después, echar mano de la última lección de la quinta promoción de Periodismo de la UVA que impartió. “Hablé del periodismo en un papel de fumar, algo que me dijo Manu Leguineche durante una conversación muy larga que tuve una vez con él en una cafetería de Recoletos que ya no existe; me dijo que todo lo que sabía de periodismo cabía en un papel de fumar. Yo entonces estaba leyendo “El estilo del periodista”, de Grijelmo, que tiene casi mil páginas… y pensé que algo no cuadraba, pero creo que Manu Leguineche tenía razón, porque lo que tenemos que hacer cabe en un papel de fumar: diferenciar la opinión de la información, contrastar lo que vamos a decir y ser buena persona, porque si no eres buena persona, no puedes ser periodista”.

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2 comentarios en ““Nadie nos pide la verdad, nadie la tiene, pero sí veracidad, honestidad e identificar lo importante”

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