El séptimo arte como acto de resistencia y rebeldía


PEDRO ALONSO/ @pedro_alonso7

ImagenEl director marroquí, Abdeslam Kelai, protagonista en esta edición de la SEMINCI con su película ‘Malak’, participó en una mesa redonda organizada por EURANET, en la que explicó los cambios radicales que ha sufrido en su país desde los años 50.

 Un país tan cerca pero, sin embargo, tan lejos”. Así definió Javier Angulo, director de la SEMINCI (Semana Internacional de Cine de Valladolid), la relación que vive España y Marruecos. El territorio magrebí es el protagonista en esta 58º Edición que se ha celebrado del 19 al 26 de octubre, con un total de 24 cortos y largometrajes en cartelera. Sabemos muy poco de su cine, pero ellos nos conocen muy bien. Es su escaparate hacia Europa, contar sus cambios sociales con una temática valiente”, añadió Angulo.

Los alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid que asistieron el pasado jueves a la conferencia titulada “El nuevo cine de Marruecos” pudieron conocer, gracias a la aportación de Abdeslam Kelai, los nuevos desafíos de la industria del cine en el país vecino.

Kelai (1969, Larache) estudió Realización Cinematográfica y debutó como guionista con el cortometraje “Día Feliz”. De su mano y de la de otros directores, han conseguido que Marruecos se abra paso en el cine actual, proceso de una “larga transición democrática”, como explica: “Es un debate político y social. Hacer cine en nuestro país es ya un acto de resistencia y rebeldía”.

Los orígenes del séptimo arte en el territorio magrebí surgen en los años 50. “La primera película llegó muy tarde y con un retraso técnico y de edición”, recuerda el director. “Cuando comenzó el cine, se quería fundar una Cinematografía Nacional”, prosigue. Durante los 60 y 70, en las salas marroquíes se proyectaron dos o tres películas al año.

Es ya en la década de los 80 cuando el Estado se involucra más en el cine. “Se empiezan a producir cinco películas. Se instala el Festival Nacional de Cine de Marruecos, que representa un encuentro de la gente cinéfila. Es el principio real de la industria”, añade Kelai.

 Los nuevos cineastas marroquíes comienzan a salir al extranjero a darse a conocer y en sus películas surgen temáticas sociales, políticas y reivindicativas. “Es la primera vez que técnicamente están bien hechas”, se sincera el director.

Durante los años 90 se produce un cambio radical en el cine y la sociedad. Se prepara la transición monárquica de Hassam II a Mohamed VI. Los nuevos cineastas marroquíes comienzan a salir al extranjero a darse a conocer y en sus películas surgen temáticas sociales, políticas y reivindicativas. “Es la primera vez que técnicamente están bien hechas”, se sincera el director.

Actualmente, Marruecos goza de una industria que “funciona continuamente y permite el acceso a los jóvenes”, ensalza Kelai. “Se caracteriza por el compromiso social y una visión a favor de la libertad de expresión”. Aunque reconoce que “todavía hay mucha censura” ya que “muchas fuerzas quieren parar el cine”.

Algo está cambiando en el país magrebí. Los jóvenes acuden más a ver el cine. Basta un dato: las cinco primeras películas más vistas en cartelera son de producción nacional

 

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