Cara, cruz y Croacia


CARLOS SANTAMARÍA

tintero3En un restaurante de Rijeka de cuyo nombre no quiero acordarme no ha muchos meses que buscaba trabajo en la bellísima Croacia un periodista español de los de micrófono en mano, espíritu inquieto, mirada abierta y suerte esquiva. Una maleta perdida entre Madrid y Barcelona, aunque recuperada dos días después de llegar a Zagreb y con algún rasguño de propina, hacía indicar que la aventura prometía. La moneda ya estaba en el aire. ¿Qué saldría: cara o cruz?

El primer día de este periodista con vocación radiofónica pero criado a los pechos de la caja tonta se alegró al compartir habitación con dos estudiantes de Periodismo de la Universidad de Hull, Rosie Moody y Sam Stevens. Huelga decir cuál fue el principal tema de conversación de estos tres periodistas que se hicieron amigos al instante. Explicaban que en Inglaterra la situación, periodísticamente hablando, no está mucho mejor que en España. Sin embargo, nuestros colegas británicos disfrutan de más ayudas a la hora de crear una empresa y es impensable que en cinco años pierdan más de 10.000 puestos de empleo, un dato que les hizo comprender la desesperación de muchos españoles por buscarse los garbanzos fuera de su tierra.

Tras cuatro días dejando currículos en los principales hoteles y tiendas de Zagreb, tocaba viaje a Dubrovnik, mundialmente conocida como la “Perla del Adriático”, apelativo que esta ciudad no recibe por casualidad. No hay esquina en este lugar que no tenga encanto. Lástima que esto no sea un artículo turístico para resaltar las infinitas bellezas de todo tipo que Dubrovnik ofrece. Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de las vacantes laborales. Y para muestra un botón. Para ser guía turístico, hay que pasar dos exámenes: uno en croata y otro en inglés, lo cual queda inmediatamente descartado por la imposibilidad de aprender esta lengua eslava con garantías en nuestro país. A pesar de que el dinero negro está a la orden del día, los croatas son tremendamente oficialistas y aunque vayas a trabajar de camarero, necesitas un título que acredite tu experiencia. Algo tal vez excesivo, pero que sin embargo impide el intrusismo en cualquier campo. Y el nuestro, el periodístico, no es una excepción. Para ejercer como periodista en Croacia es conditio sine qua non tener el título de Licenciado o Graduado en Periodismo. “It is a logical point”, responde Davor Petrović, redactor del Novi List en Zagreb, quien no comprende cómo en un país tan avanzado como España pueda trabajar de periodista alguien sin titulación y sean los titulados los que engrosan las listas de desempleo. En aquel momento, Davor encontró sentido a la frase “Spain is different”.

Con la confirmación de que Croacia no es un país tan atrasado como muchos creen y que hacen muchas cosas bien, esperaba Split, la segunda ciudad más grande de Croacia. Pero para grande la oportunidad que se presentaba al segundo día de llegar a la capital dálmata. El gacetillero que suscribe recibió la llamada de un asesor deportivo gallego que estaba expandiendo su empresa y necesitaba un «hombre fuerte» (sic) en Croacia. La tarea era muy sencilla aunque las posibilidades de éxito eran terriblemente reducidas. Ofrecer futbolistas españoles en la Prva Liga (Primera División croata) no es un trabajo que se presente todos los días, así que había que aceptarlo aunque no hubiera sueldo fijo. Pero si alguna venta era satisfactoria, se saldaba con una comisión extremadamente jugosa para alguien que lleva tres años en el paro y sin recibir prestación alguna. Con los pies en el suelo y sin dejar de enviar currículos a todos los sitios susceptibles de necesitar gente para el periodo estival, tuvo lugar una entrevista con el director deportivo (ahora presidente) del Hajduk Split, Marin Brčić, quien agradeció el interés mostrado, pero lamentaba no poder fichar ningún jugador debido a la millonaria deuda de un equipo otrora todopoderoso. Ni siquiera el ex-entrenador del Real Valladolid y natural de Split, Sergio Krešić, pudo ayudar a este periodista que intentaba hacerse un hueco en el estanco mundo del fútbol. Estaba claro que el único equipo croata capaz de desembolsar prohibitivas cantidades de dinero era el Dinamo Zagreb.

Para ejercer como periodista en Croacia es conditio sine qua non tener el título de Licenciado o Graduado en Periodismo. “It is a logical point”, responde Davor Petrović, redactor del Novi List en Zagreb, quien no comprende cómo en un país tan avanzado como España pueda trabajar de periodista alguien sin titulación y sean los titulados los que engrosan las listas de desempleo.

Pero antes de volver a la capital, había que probar suerte en Rijeka, tercera ciudad más importante de Croacia y eternamente recordada por los aficionados del Real Valladolid por ser aquí donde el Pucela jugó por primera vez como visitante en competición europea. Han pasado 29 años de aquel hecho y, sin embargo, sus habitantes no pueden evitar sonreír al conocer a alguien de la antigua capital de España, sobre todo compañeros de la profesión como Ivica Rodić, redactor del rotativo Novi List, Toni Urović, locutor de Radio Rijeka, y Radoslav Ljepojević, director deportivo del Rijeka y guía de lujo a la hora de conocer los entresijos del encantador estadio Kantrida donde, entre una de sus muchas curiosidades, destaca que las radios tienen aparcamiento privado dentro del recinto; todo lo contrario que en España, donde debemos recordar las insultantes condiciones de trabajo a las que están expuestos nuestros colegas radiofónicos en los estadios españoles.

Toda esta amabilidad se vio truncada cuando en una de las rutinarias rondas por hoteles y restaurantes, el dueño de uno de éstos últimos, ofertaba un puesto de trabajo como cocinero. Cual camaleón, un español que se busca la vida fuera, y más aún un periodista, debe amoldarse al terreno en el que está, no en el que le gustaría estar. En un inglés digno de la mismísima Ana Botella, reconocía no poder pagar un sueldo mensual. La única gratificación para el ingenuo que aceptase semejante “chollo” sería una habitación en el hostal anexo y comida en el propio restaurante. Al advertirle de que eso era ilegal y claramente denunciable se encogió de hombros y contestó: “Call the police if you want”. En pleno siglo XXI la esclavitud y la usura vuelven a apoderarse de los más codiciosos, pero a la fortaleza mental de este aparente Quijote no le afectó en absoluto la actitud chulesca de este croata amante de las prácticas medievales.

Descartado el hecho de conseguir un trabajo honrado y medianamente estable, el regreso a Zagreb tenía un único objetivo: presentar la cartera de 15 futbolistas españoles potenciales de jugar en el Dinamo Zagreb al director deportivo del club más laureado de Croacia, Zoran Mamić, y hermano del presidente, Zdravko. Hablar de los Mamić no es fácil. El miedo y el respeto hacen que muchos de los que van a ver al Dinamo cada domingo al estadio Maksimir sean palmeros de este clan (utilizaremos mejor este nombre para ahorrarnos hipotéticas represalias). Los Mamić dominan todo lo que rodea a las mayores empresas del país y, por supuesto, todo lo relacionado con el fútbol croata: desde la Federación hasta el comité de árbitros. Caiga quien caiga. Pero hay algo sobre lo que no tienen el control y Dios quiera que no lo tengan nunca: los medios de comunicación. Davor Petrović, Alen Lesicki y Davor Lugarić son sólo algunos de los periodistas que no comulgan con el catecismo de los Mamić. A través de las páginas del Novi List, Jutarnji List y 24sata respectivamente, critican un día sí y otro también la caciquista gestión de un club que olvida la cantera y prefiere gastar el dinero en incorporar a futbolistas sudamericanos que a duras penas alcanzan el nivel para jugar en la Segunda División española. Ninguno de ellos veía posible que Zoran Mamić modificara su apretada agenda para recibir a un inexperto ojeador español.

Carlos Santamaría en Croacia

Ante semejante panorama, había que intentarlo por otros medios y para ello era obligado introducirse en el propio organigrama del club. Para ello, no hay persona más idónea que la jefa de prensa del Dinamo Zagreb, Morana Djurčević, una profesional de los pies a la cabeza que no puede explotar su talento al estar sometida al yugo de los Mamić. Prometió que hablaría con él, pero Zoran Mamić nunca se dejó ver. Sus motivos tendrá y él sabrá lo que tiene que esconder.

El premio de consolación de este cansado pucelano llegaba al final del día, cuando le recibía la indescriptible mirada azulina de Tajana Kolarec, una estudiante de Ingeniería de Diseño y Tecnología Textil de la Universidad de Zagreb que se paga la carrera trabajando los veranos en la recepción del Hostel Pozitiv. Con 22 años y cinco idiomas (croata, esloveno, inglés, alemán y ruso), Tajana forma parte de ese porcentaje de competitivos jóvenes croatas que sueñan con vivir en Alemania sin renunciar a sus raíces, mientras la moneda sigue en el aire esperando a que salga cara. La de Tajana.

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Un comentario en “Cara, cruz y Croacia

  1. Señor Carlos Santamaria, siento mucho que ha tenido mala suerte de encontrar un empleo en mi linda tierra Croata, tratando se de una nación de pocos años que vive en democracia i la crisis que pasa en estos tiempos también, a especialmente por la inepta conducción política con la mentalidad de la época dictatorial Yugoslava que es principal problema que nos impide el progreso, espero que UE nos apoye para que se ejecute la lustración necesaria para liberarnos de los personajes del pasado enquistados en el poder con la esperanza que el cambio llegara pronto.
    Abrazo sincero de un Croata desde Argentina

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